Se entiende el respaldo que las encuestas publicadas otorgan al presidente Andrés Manuel López Obrador en su cruzada contra el robo de combustibles en el país; mientras más salen y se conocen cifras, personajes -todavía en el imaginario, sin nombres y apellidos-, empresas y el modus operandi del saqueo en Pemex crece el repudio a lo que se hizo y se dejó hacer en los gobiernos anteriores.
Varios temas pueden desprenderse e interpretarse, pero en todo esto hay un hecho irrefutable, para la reflexión: la oposición representada por los partidos Revolucionario Institucional (PRI) y Acción Nacional (PAN) quedó desarmada. Sin argumentos, resultaron infructuosos los reclamos -marcadamente de los azules- e intentos de ponerse al frente de las críticas por el desabasto de gasolinas.
Se confirma lo que se ha venido diciendo desde julio del
año pasado: Ni PRI ni PAN están en condiciones. Ajenos a la autocrítica interna, muy lejana su refundación y bajo el control aún de los mismos grupos e intereses que los condujeron al fracaso, ambos partidos caminan sin brújula, sin liderazgos que seguir.
Lo peor para ellos, ahora que amenaza con abrirse la caja de Pandora que parece ser el huachicol, es la complicidad insinuada de sus gobiernos con el descomunal saqueo a la industria petrolera nacional y la inmensa corrupción que generó.
Así es: omisión y complicidad en los gobiernos de los últimos 18 años (Fox, Calderón y Peña) es lo menos que se advierte en estos días que salen a luz pública las claves que explican por qué Petróleos Mexicanos está prácticamente en quiebra. Sí, tal como lo señalaban Fox, Calderón y Peña: Pemex está en quiebra. Pero los hechos apuntan a una quiebra provocada… provocada por ellos y sus colaboradores.
Y no tanto por ineptitud o desconocimiento. Faltaba más. El desastre lleva la marca de la casa: corrupción y, muy probablemente, ilícito enriquecimiento de algunos.
Por ahí se perfilan las indagatorias. Por ahí las acusaciones que deben venir.
¿Cómo los partidos que fueron omisos y solaparon el saqueo quieren ahora erigirse críticos de malas decisiones o estrategias? ¿Con qué cara?
Hay hechos irrefutables. Pero parece que ni panistas ni priistas quieren verlos. Se quedaron atrapados por ellos mismos. Ahí siguen.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







