Ciertamente justo, legítimo es el reclamo de las maestras y los maestros para que les sean pagados sus salarios y aguinaldo, pero lo cierto también es que la relación sindicato-estado-federación se torció de tal manera a lo largo de los años que colapsó la administración del sector educativo y terminó por contaminar las finanzas estatales en general.

La realidad, aceptada por todos, es que la situación es insostenible para el Gobierno de Michoacán y el magisterio; la crisis no es de ahora, viene arrastrándose desde hace años, y cada cierre de ejercicio se repite la misma historia: a jaloneos por aquí y por allá -valga la expresión- se obtienen las partidas extraordinarias para cubrir salarios y prestaciones.

El costo económico, social, educativo y político ha sido altísimo. ¿Alguien lo puede negar? Como resulta innegable ese desgaste, ya es hora de poner un alto a la situación y cambiar las reglas en la relación. Es lo mejor para el sindicato y sus agremiados, para los gobiernos federal y estatal, para los estudiantes, padres de familia y sociedad en general.

En los actuales términos nadie gana, todos pierden, independientemente de negociaciones pasadas en las que sindicato o gobiernos hayan obtenido (o creído obtener) determinadas tajadas políticas de coyuntura.

Fueron aquellas minutas, finalmente, compromisos firmados al amparo de la complicidad política y la defensa de objetivos e intereses alejados, absolutamente, del camino del fortalecimiento del sistema de educación: enseñanza en aulas, crecimiento en infraestructura, equipamiento, capacitación… en muchos sentidos han sido años, si no perdidos, sí de estancamiento, de enormes pérdidas sociales y económicas.

Hemos dicho en este espacio: lo inmediato, sí, es el pago de salarios y aguinaldo a las maestras o maestros. Es su reclamo más cercano, justo, legítimo. Pero a largo plazo, no se debe dejar escapar la coyuntura, que políticamente es propicia en todos sentidos —hasta por la profundidad de la crisis—, para entrar a la solución de fondo del problema, que pasa por poner fin a la tóxica relación sindicato-estado-federación, que en los actuales términos, en el caso de Michoacán, tiene en números rojos las finanzas estatales, colapsado el sistema administrativo escolar y semiparalizado, atornillado el proceso educativo en aulas.

Podrá haber cientos de marchas más, decenas de bloqueos y plantones y hasta nuevas minutas firmadas… que en los actuales términos de la relación, no solucionarán nada. El círculo vicioso jamás se abrirá.

¿Alguien lo puede negar? Así es.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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