La construcción e instauración del nuevo modelo de gobierno que plantea el presidente Andrés Manuel López Obrador llevará años para el país. Y por lo pronto, para el próximo trienio, habremos de prepararnos para un gobierno en permanente actividad política, en campaña para convencer de su proyecto en marcha y que, lo que no pueda cumplir, no le reste en los altos niveles de aceptación con los que ahora cuenta ni lo hagan perder espacios en los comicios intermedios de 2021.
Paradójicamente, esa realidad -que fielmente se dibuja en los dos mensajes que López Obrador rindió el sábado- obliga al nuevo gobierno a dar resultados al corto plazo; para el presidente, su equipo, partido y aliados, no hay de otra. El bono democrático del que gozan no es perenne.
Las encuestas indican que la mayoría de los mexicanos esperan resultados en no más de un año. La más reciente Consulta Mitofsky, levantada entre el 23 y 25 de noviembre -una semana antes de la toma de posesión de AMLO-, revela que el 45.2 de los ciudadanos espera resultados en un aplazo de entre seis y doce meses; que el 51.9 por ciento cree que cumplirá todas o la mayoría de sus promesas de campaña, y que el 60.2 por ciento espera que mejorará la situación del país.
El combate a la inseguridad, contra la corrupción y la generación de empleos, en ese orden, son las principales preocupaciones de la población. Y concluye el sondeo de la consultora de Roy Campos: la llamada “luna de miel” con los ciudadanos no es larga: va entre los seis meses y un año.
Apasionado de las encuestas, seguramente AMLO tiene ese y otros sondeos con resultados más o menos similares. Y sabe también que en el terreno político son muchas las fuerzas que aún tiene que enfrentar: los “conservadores” que, como identificó en sus dos largos mensajes del sábado, aún tratarán de boicotear al gobierno de la Cuarta Transformación.
Por eso el llamado a sus seguidores a que no lo dejen solo, por eso la advertencia desde ahora: “haré todo lo que esté a mi alcance para obstaculizar cualquier intento de regresión”.
Veremos, pues, en los próximos años a un presidente en permanente campaña por todo el país. Ya lo dijo y en eso no habrá engaños ni sorpresas.
No es su mandato lo que estará en juego en la consulta del primer domingo de julio de 2021, cuando también se renueve la Cámara de Diputados, sino todo un proyecto de gobierno, su continuidad, construcción e instauración que llevará años como país.
Se equivocan, así, quienes vieron el sábado primero de diciembre el fin de una larga marcha política. No conocen a Andrés Manuel López Obrador. Para él, muy seguramente, la lucha verdadera apenas comienza.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







