Desde julio pasado lo advirtió el gobernador Silvano Aureoles, incluso en la reunión que la Confederación Nacional de Gobernadores (Conago) tuvo con el presidente electo Andrés Manuel López Obrador, donde apostilló: las reformas que ya desde entonces se anunciaban, atentarían contra el pacto federal, eran centralistas y concentraban recursos y poder en la figura del Ejecutivo Federal.
Tal vez porque aún se veían lejanas las reformas, a lo mejor porque la mayoría de los análisis se quedaron en el encanto de la llamada luna de miel de la transición, o porque quizás se confió en la rectificación, pero el caso es que se dejó correr el tiempo y el jueves pasado la mayoría de Morena en el Congreso de la Unión aprobó las reformas a la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, con las que se crean las secretarias de Seguridad Ciudadana y de Bienestar, y se da paso a la figura de los súper delegados que se harán cargo de los programas sociales de la Federación en las entidades de la República.
Las advertencias de Silvano Aureoles se hicieron realidad y a sus protestas de hace cinco meses se suman ahora el gobernador electo de Jalisco, Enrique Alfaro Ramirez, y los mandatarios estatales del PAN.
Falta ver si se organizan, en bloque, para sumarse al llamado que en su momento hizo el gobernador de Michoacán en defensa de la soberanía y autonomía de los estados, pero sobre todo, para transitar hacia un nuevo pacto de coordinación fiscal que —como ha dicho Aureoles— fortalezca la competitividad de cada entidad.
Los pronunciamientos de Alfaro y de los panistas (los mandatarios priistas no han dicho ni pío) son adhesiones importantes, más aún cuando (si hay voluntad política del presidente electo y de Morena) hay tiempo para hacer modificaciones en la Cámara de Diputados.
Vale la pena recordar, entonces, lo que Silvano planteó en aquella reunión de julio pasado a López Obrador y la Conago, pues son puntos que deben de preocupar a todos los gobiernos estatales. Todos, en efecto, tienen que ver con el respeto a la soberanía y autonomía de los estados.
Uno está relacionado con establecer verdaderos mecanismos institucionales de interlocución Federación-Estados. Aureoles, en esa reunión, subrayó que la historia ya nos ha comprobado que el camino no es el centralismo. Y fue más allá, cuando advirtió lo que seguramente puede pasar si no se toman cartas en el asunto, es decir, un severo problema de operatividad al concentrar en una sola figura el trabajo y las funciones que tenían todas las delegaciones federales.
Otro punto que el michoacano puso sobre la mesa es el de signar convenios de coordinación con las entidades, para que les sean transferidas las facultades y reasignados los recursos para su ejecución.
Lo más destacado fue, sin embargo, su planteamiento de aprovechar la oportunidad histórica de establecer un nuevo pacto de coordinación fiscal, que fortalezca la hacienda de los estados y la competitividad de cada región.
Ahí están las propuestas. Ahora falta ver qué dicen los legisladores de Morena y el propio presidente electo, que deben entender que dentro de ocho días ya serán gobierno. Y que no se puede ser gobierno en campaña político-electoral permanente.
Vaya, eso es lo menos que se puede esperar de la Cuarta Transformación y de lo que se presume como el cambio de régimen.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







