Se dijo en muchos foros y se alertó infinidad de veces en los diversos espacios de análisis durante la campaña: Andrés Manuel López Obrador no tiene un plan definido de gobierno. Pasados los tres primeros meses del periodo de transición -que fueron de ‘cachondeo’ y luna de miel-, a la hora de afinar su entrada a Palacio Nacional, al presidente electo y su equipo les ganaron la improvisación y las prisas, que hasta a sus seguidores tienen desconcertados, seguramente decepcionados.

Las gotas que derramaron el vaso fueron el anuncio de encargar la seguridad pública al Ejército y a la Marina Armada de México con la creación de la Guardia Nacional y su decisión de no investigar ni castigar los presuntos casos de gran corrupción cometidos en el pasado y poner ‘punto final’.

Lo primero, con reforma constitucional incluida para que no haya dudas, da forma a la ‘militarización del país’, en niveles a los que no se atrevieron ni Felipe Calderón Hinojosa ni Enrique Peña Nieto. Y eso alarma, sobre todo a los organismos defensores de derechos humanos, que llevan 12 años exigiendo el regreso de los militares a sus cuarteles, una vez comprobado que su participación en el combate a la delincuencia no es la alternativa.

La creciente violencia, la inseguridad y la cantidad de muertes violentas en el país -más alta a las registradas en naciones que han estado en guerra-, son el argumento irrebatible.

Y AMLO, que tanto criticó a Calderón y a Peña por el uso del Ejército en tareas de seguridad pública, ahora viene a decirnos que no hay de otra. Que es la militarización, corregida y aumentada, o nada.

Tal vez ahora sí tiene el diagnóstico correcto. Sólo el tiempo lo dirá. Pero lo que sí está claro es que todas las propuestas, promesas y enunciados de campaña no se sustentaban en un proyecto o plan de gobierno acabado, con información seria y precisa.

Por eso ahora los muchos decepcionados. Y cómo no, si estaban encantados.

Sobre el ‘punto final’ y el perdón a los corruptos que plantea el presidente electo, parece no ser otra cosa que el ofrecimiento de garantías a la impunidad.

Pero además López Obrador se equivoca cuando justifica su decisión diciendo que él no es un hombre de venganzas. ¡Qué bueno!, nomás que resulta que no se le eligió por eso, sino para cumplir y hacer cumplir la constitución y las leyes que de ella emanan. ¿O no va a jurar así el primero de diciembre?

Se equivoca aún más cuando matiza: se investigará la corrupción que hubo en el pasado, “si hay presión social”. O sea, la aplicación de la ley a partir de la manifestación en la plaza pública o del resultado de una consulta popular.

¿En serio?

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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