El presidente electo Andrés Manuel López Obrador tiene todo a su favor para anunciarlo: se derrumbó el proyecto del aeropuerto en Texcoco. La ‘consulta popular’ que mandó hacer para respaldar la cancelación de las obras en marcha, legitima lo que es su primera decisión de gobierno, todavía no en funciones. Así está el país.

Las repercusiones económicas habrán de medirse en los próximos meses y años, en tanto que la viabilidad del proyecto aeroportuario CDMX-Santa Lucía-Toluca sólo podrá conocerse una vez que se hagan los estudios técnicos y de aeronáutica respectivos, pues hasta ahora no existe ninguno.

Así es: quienes votaron a favor de esta opción, lo hicieron sin saber por qué votaban. Las motivaciones sólo ellos y ellas las conoces, porque NO existe nada, absolutamente NADA que, técnicamente, sustente esta alternativa. Vaya, podría darse el caso que después de tanto alboroto, simplemente se ordene una chaineadita al actual aeropuerto capitalino. Y otros años a esperar. Así está el país.

Vamos, entonces, a la lectura política del resultado de la ‘consulta’: Andrés Manuel López Obrador amaneció de plácemes. A  los treinta millones de sufragios que le dieron el triunfo el primero de julio y la mayoría absoluta en el Congreso de la Unión, se sumó este fin de semana el millón de mexicanos que, independientemente de la orientación de su voto, salió a dar validez a una consulta hecha fuera del marco legal vigente, sin metodología, organizada a las carreras y sin marco conceptual que asegurara los indispensables mínimos de confiabilidad.

Lo que informó la Fundación Rosenbluth -encargada de la consulta-, sin embargo, es un contundente triunfo político para el presidente electo, que así respalda una de sus principales banderas de lo que fue su campaña: el 70 por ciento del millón 67 mil personas que fueron a votar entre jueves y domingo dijo NO a seguir con el proyecto de Texcoco.

López Obrador somete de esta manera al sector empresarial del país, a cuyos representantes manda decir así, tajante: las reglas son otras y el único con la fuerza para decir qué sí y qué no, es él; con quién sí y con quién no, es él. Nadie más.

Quería el poder absoluto y lo tiene. No hay quién se lo dispute. Y a quién se atreva, pues ya lo sabe… ahí está el tigre.

¿Alguien tiene alguna duda de por qué se mandó hacer la ‘consulta popular’ para definir el futuro del aeropuerto? ¿Alguien puede seguir creyendo que las obras en Texcoco estaban en el fondo del interés del presidente electo? ¿Alguien puede plantear las preguntas de lo contrario?

En fin. El nuevo régimen enseña su rostro.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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