De lo que podemos dar constancia desde este medio, es que a partir del lunes pasado ha sido notoria la coordinación y la colaboración entre las instancias federales, estatales y municipales para ayudar a las familias de Morelia que resultaron afectadas por la tormenta que cayó en la madrugada de ese 22 de octubre.
Por ahí no están los problemas para las decenas de familias que vieron inundadas sus propiedades y pequeños negocios, perdiendo incluso bienes materiales parte de su patrimonio; que han tenido que suspender sus actividades cotidianas -muchos no quieren ni salir de sus viviendas para evitar actos de rapiña-, y que durante cuatro días ya, carecen de servicios y transporte.
De ahí el puntual llamado del gobernador Silvano Aureoles anoche al Comité de Emergencia para concentrar y redoblar esfuerzos que permitan a los afectados -incluyendo niños, niñas y jóvenes estudiantes- regresar a la normalidad de sus vidas. Ahí viene, entonces, la enorme tarea: devolver la tranquilidad a las familias que la perdieron por la impredecible fuerza que pueden adquirir los fenómenos naturales.
¿Por qué la importancia de recalar en este punto? Porque se sabe que este tipo de desgracias, sus magnitudes, sólo se pueden medir una vez que bajan los niveles de agua, concluyen las tareas de desazolve, se avanza en la limpieza de desechos en casas y espacios públicos y se restablecen los servicios urbanos primarios.
Sólo a partir de entonces se podrán precisar censos de afectados y cuantificar las pérdidas; sólo a partir de entonces, podrán los gobiernos federal, estatal y municipal determinar mecanismos y recursos de apoyo, y sólo a partir de entonces esas familias podrán regresar a la normalidad de sus vidas.
No son pocos los que lo esperan. Ahí están las primeras cifras que se conocen oficialmente para dar cuenta del problema: mil 327 ciudadanos registrados como damnificados por el ayuntamiento capitalino y 258 viviendas de 10 colonias con serias afectaciones.
Ahí está el punto. Que no es la grilla ni las insinuaciones a la falta de coordinación. Eso es perder tiempo.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







