Hay dos hechos que sí pueden provocar una gran tormenta sobre nuestro país: el éxodo de miles de migrantes centroamericanos y la decisión que se tome sobre el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM).

Algunos pronósticos no son nada alentadores. Hay quienes incluso auguran efectos que pueden ser devastadores si se juntan las malas decisiones con situaciones que se salen de control. Todo puede ocurrir.

Sobre el tema de los migrantes centroamericanos, habrá que entender que esos 7 u 8 mil hondureños, salvadoreños y guatemaltecos que ya están en México no serán los únicos; el éxodo continuará. La extrema violencia y la miseria en la que viven -basta escuchar sus propios relatos- los dejaron sin alternativas: no tienen nada. No van a regresar.

Segundo: su primera opción no es Mexico. Ellos quieren llegar a Estados Unidos: algunos buscan reencontrarse con familiares y todos sueñan con empleo allá. Pero en tanto, ya están en territorio mexicano y la pregunta es obligada: ¿qué va a pasar con ellos? Ellos no van a regresar.

¿Entonces? ¿Se les va a dejar avanzar -incluso con acompañamiento policiaco para evitar problemas de violencia e inseguridad- hasta la frontera con Estados Unidos? Imposible. ¿Se les va a dar visa de trabajo y empleos como ofreció el presidente electo? No se ve cómo ni dónde ni con qué recursos. ¿Se les va a deportar? El Gobierno de Mexico no se va a atrever.

Lo cierto es que ellos, los centroamericanos, no se van a regresar a sus países; el éxodo continuará -alentado incluso por sus gobiernos-, y el problema se exacerbará.

Y como si la incertidumbre no fuera poca, viene el fin de semana decisivo para el futuro de la nueva terminal aérea. La consulta que se hará para determinar si continúa o no la construcción del aeropuerto en Texcoco marcará el futuro de la relación de la administración AMLO con los inversionistas nacionales y extranjeros.

¿Confianza o desconfianza? ¿Seguridad o inseguridad? ¿Fomento o inhibición a la inversión? ¿Autoritarismo o diálogo? Todo eso y más se juega en la dichosa consulta que inicia el jueves y termina el domingo.

A ver qué quieren los que la organizan. Bueno… si se sabe qué quieren. Lo que no se sabe es a qué están dispuestos.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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