Por lo que se ve y escucha, algunos en el partido Morena no han entendido que ganaron una elección, más no ganaron una revolución. Y que incluso triunfaron en esa elección por el hartazgo y enojo de una buena parte de los votantes.
Se equivocan así, quienes en el morenismo creen tener un cheque en blanco de la ciudadanía para hacer y deshacer, agraviar y denostar, repetir las mismas prácticas que criticaron del PRI y del PAN y, sobre todo, presentarse sin las propuestas que la mayoría esperaría de quienes tanto prometieron y alardearon a la sombra de la campaña de Andrés Manuel López Obrador.
Aunque no son los únicos, los guindas de las Cámaras de Diputados y de Senadores son los que más nota han dado en aquellas prácticas que, además, los exhibe divididos, confrontados y en declaradas guerras entre ellos mismos por las mejores posiciones ahora que tienen el poder.
Se puede esperar muy poco de una mayoría legislativa que no tiene coherencia ni una sola y reconocida coordinación; difícil creer que serán la mayoría en el Congreso de la Unión que los enojados votantes del primero de julio esperaban para encontrar respuesta a sus demandas.
Es más, cabe la pregunta: ¿son estos diputados y senadores los que esperaba López Obrador para emprender el gobierno de la Cuarta Transformación?
Por lo pronto en la sesión de este martes en San Lázaro, los diputados morenistas volvieron a las andadas: las crónicas de la prensa nacional que dieron cuenta del sainete en el recinto parlamentario durante la comparecencia del secretario de Hacienda, José Antonio González, son un claro indicativo: privan en la mayoría legislativa de Morena la mezquindad, las ansias de la venganza y la disputa por los espacios en el poder.
Lo más preocupante es que esto no parece ser la etapa que, identifican algunos, como la curva de aprendizaje. A todo esto se le dice de otra manera…
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







