El recuento preliminar de los daños causados por una tromba ayer en Peribán reporta el fallecimiento de tres personas, de entre 10 y 15 desaparecidos y un número de damnificados que se podrá cuantificar con precisión hasta este lunes.

Los desbordamientos del río Cutio y de la represa Parástico habrán provocado también enormes daños en la producción agrícola de la región y pérdidas en el patrimonio de decenas de familias.

La magnitud del impacto meteorológico es tal que la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) decidió aplicar a partir de las primeras horas de este lunes el Plan DNIII E en apoyo a la población civil y para la búsqueda y rescate de las personas que fueron arrastradas por el agua, en su mayoría menores de edad.

Por parte del gobierno del estado y de las organizaciones de la sociedad civil, toda la atención deberá concentrarse en aquel municipio, espera del recuento final de daños y apoyar a los damnificados, así como a los familiares de quienes hayan perdido la vida.

No está demás, por supuesto, volver a insistir en la importancia de que todos los municipios cuenten con un atlas de riesgo actualizado y promuevan la cultura de la prevención en materia de protección civil, a fin de que los fenómenos naturales -inevitables e impredecibles en su fuerza- cobren el menor número de víctimas fatales y su paso no sea tan devastador.

Que de eso se treta la cultura de la protección civil, ausente entre la población pero, lo más lamentable, ausente y olvidada por las autoridades municipales.

La lluvia se desató con fuerza ayer en Peribán: ¿tenía este municipio un atlas de riesgo actualizado y un sistema de protección civil adecuado para la contingencia? La información disponible nos indica que no.

Entre los problemas se agravan y los fenómenos naturales arrojan otro tipo de damnificados y nos enseñan otras ruinas.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

 

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