Demasiados infiernitos empiezan a consumir a quienes, desde su abrumadora mayoría, se asumen como el grupo político en el poder que habrá de conducir al país hacia la cuarta transformación.
Lo advertimos en vísperas del primero de septiembre, día en que con el inicio de trabajos de la 64 Legislatura del Congreso de la Unión, empezaba el gobierno del partido Morena: ya sólo contarán los resultados.
Es muy largo todavía el camino por recorrer, pero por lo pronto desde el poder Legislativo y su dirigencia, los morenos han enseñado el rostro que nadie quería ver: el de la transa, el abuso y la intolerancia.
Y si esto es la cuarta transformación, muy poco es lo bueno qué contar como para escribir a casa.
Si no, que alguien nos explique de buena manera el nuevo sainete de los protagonistas de la Cuarta; sí, el pleito entre Yeidckol Polevnsky y el gobernador electo de Morelos, Cuauhtémoc Blanco.
¿Por qué la posición? !Ah, sí! Por el reparto de posiciones en la tierra de Zapata. Un reparto al que el Cuau no quiere entrarle como quisiera la señora Polevnsky para sus morenos.
Da pena escuchar a la dirigente y al ex futbolista echándose en cara los términos de las negociaciones electorales que trabaron antes del primero de julio; y ni qué decir de la peculiar manera que tiene la señora para eso de exigir posiciones para sus amigos y militantes de su partido.
¿Habrá competencia en el partido para ver quién hace el mayor oso y/o escándalo de la semana?
En esta que inicia, Polevnsky toma la delantera.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







