Cuando terminen de lanzar su último grito y consigna se darán cuenta entonces que su momento de gobernar les ha llegado. Y que si el país “está en ruinas”  -como han asegurado los morenistas- les toca a ellos la reconstrucción: bien planeada, bien ejecutada. Sin fallas en la edificación de la nueva casa. Eso es lo que han prometido y eso es lo que se espera de ellos.

 

¿El sábado fue el último grito? ¿La última consigna? Esperemos, confiemos que sí; porque el diagnóstico hecho por ellos mismos -incluyendo al presidente electo Andrés Manuel López Obrador- los obliga a ponerse a trabajar ya, más que a seguir en la pelea; a construir, no a destruir; a incluir, no a dividir; a proponer, no a denostar.

 

Decíamos aquí en este espacio el jueves de la semana pasada: López Obrador y Morena ya son gobierno, incluso porque así lo han acordado con quienes relevarán dentro de tres meses.

 

Y no mandan una buena señal a los mexicanos con el espectáculo que protagonizaron el sábado durante  el primer día de sesiones de la 64 Legislatura del Congreso de la Unión y la recepción del sexto y último informe del presidente Enrique Peña Nieto.

 

No es la catarsis permanente lo que se esperaría de quienes gobernarán al país los próximos seis años. Deben de recordar los morenistas, primero, que muchos de los problemas que ellos mismos han remarcado y que son incuestionables, exigen programas, planes y recursos… que ellos aún no tienen definidos; y segundo, que todas las encuestas post electorales que se han hecho, indican que la mayoría espera resultados desde el primer año del lopezobradorismo.

 

Resulta así doblemente pernicioso el mensaje de los diputados federales y senadores de la nueva fuerza política dominante, por los claros signos de que no se han quitado el chip de oposición; de que muchos de ellos vienen por la revancha e incluso venganzas, y que la llamada curva de aprendizaje podría prolongarse más allá de lo deseado.

 

Vaya, no importa si los gritos, abucheos y denuestos son para el PRI, para el PAN o para Peña; eso es intrascendente. Lo que trasciende es que la nueva mayoría no perfila aún propuestas claras, concretas para rescatar a un país “que está en ruinas”.

 

Están sobrediagnosticados los problemas. Ahora, ¿cómo los van resolver?

 

Los foros ciudadanos que se han organizado para escuchar a la población y supuestamente incluir sus propuestas en el esquema de seguridad publica que prepara el nuevo gobierno debe ser un llamada de atención para los legisladores peleoneros en la tribuna: la gente quiere mucho más que el diagnóstico y los discursos.

 

Ya no quiere más promesas. Tampoco más gritos en un país de por sí violento. Propuestas claras y un plan de acción… eso sí que caería muy bien.

 

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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