Raúl Morón Orozco será a partir de este sábado no sólo alcalde de Morelia, sino representante y ejemplo de lo que serán los gobiernos de la nueva primera fuerza política del país, desde la escala de lo local.
Será, además, el primer presidente de la capital de Michoacán identificado con la izquierda, desde que Samuel Maldonado Bautista lo fuera entre 1990 y 1992. En los siguientes 26 años la alternancia en Morelia sólo tuvo nombres y rostros priistas y panistas, incluyendo al saliente Alfonso Martínez, de entera formación política e ideológica en el blanquiazul.
Bajo estas consideraciones, Morón Orozco está obligado a marcar una completa diferencia en la forma y fondo no sólo del ejercicio político de gobierno, sino en el modelo administrativo de las finanzas municipales. Más todavía: su campaña la fincó en la oferta de convertir a Morelia en uno de los centros de atención del futuro presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador.
Se puede decir, sin sombra de equivocación, que esa relación con el presidente electo -exaltada durante toda la campaña- fue su principal bandera y generó las condiciones para el triunfo electoral del pasado primero de julio. Ni la bandera ni la oferta han variado y la expectativa, a unas horas de rendir protesta como nuevo alcalde de la ciudad, es alta.
Tan grande como el compromiso del lopezobradorismo de conducir al país por el camino de la Cuarta Transformación nacional y romper con el régimen neoliberal de las últimas cuatro décadas.
Más allá de lo ociosa que en ocasiones resulta la pretensión de querer anticipar hacia dónde se dirigirán los programas y presupuestos, la única regla clara en el caso del alcalde Morón es la responsabilidad política con la que asume el cargo: la representación, desde lo local, de los gobiernos emanados de la nueva fuerza política dominante y de un sector de la izquierda social que encontró en el lopezobradorismo una nueva oportunidad de gobernar.
Y por ser la capital del estado, los ojos estarán puestos en su gestión los próximos años.
El reto no es menor y son muchos los pendientes.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







