No vamos a insinuar aquí que se pusieron de acuerdo; sólo ellos lo saben. El hecho es que en cuestión de unas horas, un lunes 20 de agosto de 2018 en pleno inicio de ciclo escolar, el presidente electo Andrés Manuel López Obrador y la ex dirigente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE, Elba Esther Gordillo Morales sentenciaron el aniquilamiento de la reforma educativa.

Una reforma que nunca alcanzaremos a evaluar pues, en realidad, no hubo espacio para su aplicación. “¡Se derrumbó!”, dijo la maestra Gordillo en la conferencia que marcó su regreso a la escena política del país.

Unas horas después, en Palacio Nacional, en la inédita conferencia de prensa que de manera conjunta ofrecieron Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador, reafirmó el mandatario electo: se cancelará la reforma educativa y presentaremos otra iniciativa.

Ahí quedó todo. Así se decretó la muerte asistida que se le dará a la reforma que Peña, presumía, era la más importante de su sexenio.

Curiosidades de la historia: es la primera que oficialmente cae. Y con testigos “de lujo”, pues además de los dos presidentes, estaban los integrantes de los gabinetes, los que se van y los que llegarán. ¿O ya llegaron?

Ahora lo que sigue: una consulta, foros con los maestros del SNTE y de la CNTE incluidos (con la maestra Gordillo en primera fila, por supuesto) y nueva iniciativa para la reforma de la reforma. Que aseguran, ahora sí será educativa y no laboral, como se acusa que fue la peñista.

Y bueno, a ver si ahora no termina siendo una reforma sindical… quién sabe.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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