Al final de todo este barullo, llegaremos al primero de diciembre y entonces, sólo entonces, sabremos de qué estará hecho el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.
Nos estamos adelantando demasiado, sin duda por los torbellinos que, casi a diario, provocan el presidente electo y sus colaboradores con tantas propuestas, proyectos, iniciativas y acciones que anuncian durante su gestión. Porque ya incluso hablan y se pronuncian como si estuvieran en funciones. Cuando faltan tres meses y 15 días.
¿Qué harán para entonces? ¿Para qué les alcanzará y qué, de tantas cosas prometidas, realmente podrán y querrán cumplir? Dar por hecho que todo lo que desde el primero de julio han venido anunciando se cumplirá parece un despropósito.
Es más, caben las preguntas: ¿el del amor y paz será el estilo verdadero de gobernar y hacer política? ¿La reconciliación, el perdón, el respeto y la no invasión de poderes y atribuciones será la marca de la casa?
Por lo demás, mal harán los del futuro grupo gobernante, si siguen prometiendo tantos y tantos cambios. La terca realidad los puede hacer darse de topes y cuando eso ocurra no van a poder controlar ni los pleitos internos ni la irritación afuera, porque quieran o no más una de sus clientelas —electorales, incluso— quedará dañada, se sentirá y dirá engañada o traicionada. O todo junto.
En fin. Ya se pusieron y nos pusieron a los mexicanos en este camino, al final del cual estaremos parados en el primero de diciembre… y a ver entonces. A empezar de nuevo.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







