En Ciudad Juárez, Chihuahua, empiezan este martes los foros regionales y consultas que convocó el presidente electo Andrés Manuel López Obrador para elaborar un plan para la pacificación y la reconciliación social en el país.
De lo que se sabe, se tiene la intención de escuchar a las víctimas, a los ciudadanos en general, sobre las atrocidades que se han vivido en México desde que inició la llamada “guerra contra el narcotráfico” y de esas experiencias tener mejores elementos para el diseño de políticas públicas encaminadas a la identificación de zonas de altísimo riesgo y atender denuncias por secuestro, el desplazamiento por violencia, desaparición forzada, trata de personas y ejecuciones extrajudiciales, entre otros flagelos.
Está muy bien. Incluso la catarsis social, en foros organizados por quién será el próximo presidente de la República, servirá —sin duda— para esos planes pacificadores. Hasta ahí, todo bien; pero…
Pero aún no nos han delineado con claridad qué estrategias, qué acciones y medidas se tienen contempladas en el equipo que a partir de diciembre gobernará la nación. ¿Cuál será su política eje para enfrentar a los grupos de la delincuencia organizada que se desplazan por prácticamente todo el territorio nacional?
Hasta ahora no sabemos, salvo enunciados muy generales y conceptos académicos, qué medidas coordinadas a nivel nacional y escala de lo local cómo tienen contemplado atacar a los cárteles de la droga, a las bandas de secuestradores, al huachicoleo, el narcomenudeo, el tráfico de armas y todas las demás actividades que son generadoras de la violencia, la inseguridad y el miedo con el que se vive.
Esas acciones que se esperan —incluyendo, por supuesto el lavado de dinero—, son responsabilidad exclusiva de las instrucciones de seguridad del Estado mexicano y difícilmente se puede pensar que puedan derivarse de foros —muy importantes, reiteramos— que tienen como finalidad escuchar a las víctimas de la violencia, atenderlas y apoyarlas.
Ojalá esas voces que se escucharán a partir de hoy sirvan para sensibilizar a quienes tendrán la responsabilidad de combatir a la delincuencia organizada y elaborar las estrategias para frenar todas esas actividades generadoras de violencia e inseguridad.
En cómo hacer converger las necesidades y demandas de la población con las acciones irrenunciables y propias del Estado, está el quid del problema.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







