FOTO: Cuartoscuro

Llegaremos a la instalación de la próxima Legislatura federal el primero de septiembre sin que Morena y sus partidos aliados tengan oposición, ya no se diga en número de diputados y senadores; tampoco la habrá con argumentos, credibilidad y, ni siquiera, unidad: PAN y PRI están prácticamente desechos, confrontados internamente y sin dirección clara, respetada. Según parece, así estarán por un buen tiempo.

La crisis que les pegó a los partidos que gobernaron en los últimos 30 años no ha tocado fondo y amenaza con traer, aún, más graves consecuencias. El caso más emblemático es el de Acción Nacional (PAN), ya inmerso en el proceso para renovar su dirigencia nacional.

El grupo de Ricardo Anaya —al que pertenece Marko Cortés, aunque ahora trate de escabullirse de mala manera— pretende quedarse con el control del partido y, obviamente, con la coordinación de sus bancadas en el Senado y Cámara de Diputados.

Si ello llegara a ocurrir, se ahondará la división y profundizará el desprestigio en el que de por sí ya hundieron al blanquiazul. El grupo de Anaya, Marko Cortés y el todavía presidente nacional Damián Zepeda condujeron al PAN a la peor crisis de su historia, perdieron legitimidad interna y las acusaciones en su contra de los propios militantes, que van desde la alteración del padrón hasta la violación de estatutos para pisotear a quienes no estaban en su camarilla, los deja sin credibilidad ni márgenes de acción en el debate de los temas nacionales.

Con un poco de decencia, lo mejor que pudieran decidir —por el bien de su partido— es hacerse a un lado del proceso de relevo de dirigencia y dejar que sean otros, menos cuestionados y descalificados, los que conduzcan al PAN en el sexenio lopezobradorista.

¿Como piensan Anaya, Marko y Zepeda mantener un partido en el que son más los que desconfían de ellos?

Lo pueden lograr, claro, porque son muchos los favores que pretenden cobrar. Pero hay algo que no se puede comprar con el chantaje y la presión: la credibilidad y el respeto.

Si no lo entienden y les gana la ambición, muy probablemente se quedarán con el partido, arrastrándolo hasta convertirlo en una muy mala caricatura de lo que un día fue. Hace muchos años.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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