Se está politizando y partidizando de más el proyecto del virtual presidente electo Andrés Manuel López Obrador de contar con coordinadores federales en cada estado de la República y suprimir las actuales figuras de los delegados.

Desde el mismo día de su anuncio, una semana después de haber ganado los comicios presidenciales, la iniciativa de López Obrador ha generado, además de dudas sobre las verdaderas facultades de los futuros coordinadores, una serie de críticas por el centralismo y concentración de poder que se descubre en el planteamiento y la innecesaria pugna que se anticipa con los gobernadores, en caso que el protagonismo venza a los representantes de AMLO y pretendan imponerse por encima de los mandatarios constitucionalmente electos.

El caso ya reventó en el estado de Jalisco, donde no fue sólo el protagonismo, sino la bravuconearía de Enrique Alfaro -gobernador electo- y Carlos Lomelí -propuesto coordinador de AMLO- ha puesto otra vez sobre la mesa, acaso, la inviabilidad de la iniciativa, en los términos planteados.

Alfaro, de plano, ha dicho que él no tratará ningún tema con el coordinador y exigido a López Obrador respeto: “yo también fui electo por la mayoría de los jaliscienses”, ha advertido el ex alcalde de Guadalajara.

Todo como una reacción en cadena a la desmesura de Lomelí que, a meses de ocupar el cargo, prácticamente hizo a un lado a Alfaro de las futuras decisiones políticas y de gobierno que se tomen en Jalisco.

Aquí en Michoacán, también podría estarse cocinando un futuro encontronazo. El dirigente estatal de Morena, Roberto Pantoja, quien sería el coordinador federal en el estado, ha empezado a asumir posiciones no de cooperación, sino de franca confrontación con el gobernador Silvano Aureoles.

Poco ayudan a las iniciativas y discursos conciliatorios de AMLO los desplantes declarativos de quienes se perfilan para ser coordinadores estatales y desempeñarán funciones aun poco claras y que deberán pasar todavía muchos filtros, incluso a nivel del futuro gabinete lopezobradorista.

Y si poco ayudan al nuevo gobierno, menos todavía al ambiente democrático que debe dominar en la relación constitucional entre la federación y los estados, pues ninguna coordinación estatal está por encima de la Constitución y los lineamientos generales y específicos del llamado pacto federal.

En tal sentido sería deseable y muy pertinente que los futuros coordinadores guardaran las formas, respetaran los fondos, y asumieran posiciones menos partidistas. Porque su función, se supone, será otra.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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