Será tan grande el respaldo popular e incluso mediático que tendrán las iniciativas para disminuir salarios y eliminar prestaciones, bonos, seguros, liquidaciones, prestaciones, jubilaciones y pensiones a la alta burocracia, ex presidentes y ex ministros, así como a legisladores federales y locales, que difícilmente se puede pensar que no serán aprobadas, incluso, antes de que arranque formalmente el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, dentro de cuatro meses.

La aceptación de los priistas -hoy todavía, de letra, en el gobierno central- de que su histórica derrota se debió a la corrupción, los abusos y los excesos, no hace más que confirmar que la propuesta del ganador de los comicios del primero de julio no tendrá oposición, si acaso la de voces aisladas que no tendrán mayor eco, por decirlo suavemente.

¿El PAN, el PRD? Los del blanquiazul, primero tendrán que resolver la tremenda bronca en la que están metidos, sin provocar mayores y más profundas divisiones internas, antes de colocarse como una verdadera oposición; y los perredistas, pues a buscar el cirujano que frene la sangría hacia Morena.

No hay oposición fuerte, pues. No se ve ni se verá en los próximos meses. Y con un poco de sensatez en la interpretación de los tiempos, las formas y el fondo de los cambios que se están prefigurando, tal vez no se verá en los próximos dos años, por lo menos. Y eso si priistas y panistas se logran articular para hallar su cuadratura al círculo.

Pero de regreso a la aceptación de la que gozarán las medidas anunciadas para recortar salarios y eliminar prerrogativas a funcionarios, legisladores y partidos políticos, basta revisar y leer las encuestas que esta semana dieron a conocer Consulta Mitofsky, Parametría y el periódico Reforma sobre lo que esperan los mexicanos con el nuevo gobierno, sus expectativas y contra qué votaron el pasado primero de julio.

Ahí están los grandes detalles: la corrupción, que se liga fácilmente a todos esos bonos, pensiones, seguros y demás gastos sin reparo ni medida que ha gozado la alta burocracia, está en la mira de todos. Y su combate es la principal demanda.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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