Al gran comunicador, que como nadie en la política de este país supo interpretar los grandes reclamos de los mexicanos y hacerlos suyos, le está fallando la comunicación.
Efectivamente, el equipo del virtual presidente electo Andrés Manuel López Obrador, denota un serio problema a la hora de informar. Los casos del Fideicomiso que se constituyó para ayudar a los damnificados y ahora el intercambio de misivas con el mandatario estadunidense, Donald Trump, son los mejores ejemplos de lo peor que se puede informar.
Pero no son los únicos: los temas del recorte a los salarios de la alta burocracia, la descentralización administrativa del gobierno federal y hasta el de la construcción del nuevo aeropuerto internacional de México, han desatado una serie de dudas, críticas y descalificaciones que muy poco ayudan a lo que el propio López Obrador siempre apeló: generar certidumbre en la transición y, sobre todo, en el inicio de su mandato.
Para corregir esa deficiencia de comunicación, será necesario -ya lo dijimos el lunes-, que el político tabasqueño termine por entender que ya no está en campaña, que ya no es candidato y que ahora ya no se trata de prometer, sino de cumplir; ya no se trata de confrontar, sino de unir y conciliar.
Lo único que contará, a partir del primero de diciembre, serán los resultados.
Ya no puede seguir informando el candidato, ahora tiene que informar el próximo jefe del Estado mexicano.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







