Andrés Manuel López Obrador y sus colaboradores, oficiales y oficiosos, deberían preocuparse menos de supuestos “complots” y de hurgar en la historia para encontrar “paralelismos preocupantes, de alerta” con otros episodios del país, y ocuparse más en definir y elaborar un programa de gobierno integral, completo y sin espacio a las improvisaciones para aplicar a partir del primero de diciembre.

López Obrador y compañía ya no son oposición; ojalá lo entiendan rápido. Ganaron las elecciones, ya participan en la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, definirán el Presupuesto nacional para el 2019, en menos de 40 días serán la mayoría en el Congreso de la Unión, controlarán más de 15 congresos estatales y gobernarán a millones de mexicanos desde la escala municipal… ¿y entonces?

¿Tiene algún sentido andar en escaramuzas con el INE, con la secretaría de Hacienda, con el candidato que se quedó anclado en el tercer lugar y con los medios de comunicación, por muy fifís que le parezcan?

No tiene sentido. Resulta difícil de comprender cómo, con la responsabilidad contraída tras su apabullante triunfo en las urnas, desvían la atención azuzando con teorías conspirativas y fantasmas golpistas. Todo eso, la mera verdad, no le hace nada bien al país y contradice, de hecho, el llamado a la reconciliación nacional que el propio presidente electo hizo apenas unas horas después de declarado su triunfo electoral.

Que lean las encuestas que tanto les gustan para que se ubiquen en lo que sí interesa a los mexicanos. La última medición de Consulta Mitofsky sobre lo que esperan los mexicanos del próximo gobierno que encabezará López Obrador no deja lugar a las dudas: la gente quiere resultados y los quiere pronto.

Porque además fue mucho lo que prometió López Obrador. Y ni modo que ahora salga con que siempre no. Tiene legitimidad, apoyo popular, goza de la confianza de las mayorías y una vez que rinda protesta como presidente de la República el primero de diciembre dispondrá de un poder político que no han dispuesto sus predecesores. No hay pretextos. Ni hay que buscarlos.

Véanse los resultados de la encuesta de Mitofsky aplicada entre el 06 y 08 de julio a mil mexicanos y publicada en El Economista este fin de semana: sobre los “sentimientos” que generó el triunfo de AMLO, el 62.4 por ciento respondió que alegría; 62.7 por ciento, felicidad; 60 por ciento, satisfacción; 57.7 por ciento, seguridad; 59.6 por ciento, tranquilidad, y 59 por ciento dijo que confianza.

En cuanto a las “expectativas al corto plazo”, el 65 por ciento de los consultados dijo que la seguridad mejorará; el 67.4 por ciento ciento que también habrá un mejor desempeño de la economía, mientras que el 64.8 por ciento manifestó que se hará una mejor política.

Se les preguntó a los entrevistados del tiempo que esperan para ver los cambios y el 61.1 por ciento dijo que en menos de un año; el 18.1 por ciento dio un margen de uno a dos años; el 7 por ciento de tres años, y sólo el 5.9 por ciento cree que habrá que esperar más de tres años.

Tal vez ya es momento que Andrés Manuel deba plantearse mandar al diablo los complots y las conspiraciones. Será presidente de todos los mexicanos en cuatro meses.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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