Por lo que ayer se escuchó y vio en los partidos Acción Nacional (PAN) y Revolucionario Institucional (PRI) nada alentador se puede esperar para su futuro inmediato. Y quienes aún esperan que puedan convertirse en el contrapeso del poder que concentrarán Andrés Manuel López Obrador y Morena se pueden quedar esperando a que pase la aplanadora en 2021.

En Acción Nacional, el grupo de Ricardo Anaya se niega a aceptar que su principal derrota no radica en la pérdida de la elección presidencial, sino en la enorme fractura que le provocó al partido. Ahora amenaza con profundizarla y asestarle al panismo un golpe que puede ser demoledor.

Anaya y su gente no ganaron el gobierno y ahora, arrastrados por su ambición, van derechito a perder el partido.

Así están en las cosas en el PAN: su dirigente nacional actual, Damián Zepeda, anunció ayer que dejará el cargo hacia finales de agosto, en vísperas de rendir protesta el primero de septiembre como Senador de la República, escaño al que llegó por la vía plurinominal.

Es claro el objetivo de Zepeda y de su jefe Anaya: impondrán a un incondicional suyo al frente del Comité Ejecutivo Nacional (CEN), quien a su vez, por estatutos internos, tendrá la facultad de nombrar a los coordinadores parlamentarios en el Senado y la Cámara de Diputados.

De cumplirse su treta, los anayistas habrán hecho un negocio redondo, pero el partido quedará en jirones. Así de claro.

¿Y en el PRI? La pérdida del poder y su hundimiento electoral los tiene noqueados y no se ve por dónde pueda empezar, si no la reconstrucción, por lo menos la plantación que los conduzca a desempeñar un decoroso papel como partido opositor, aún en su pequeñez numérica.

Dejó René Juárez Cisneros la presidencia partidista y en su lugar quedó Claudia Ruiz Massieu. Con la pena, pero ¿alguien en su sano juicio puede creer que la sobrina de Carlos Salinas de Gortari tiene el liderazgo, la madurez y empuje para conducir al priismo en la turbulencia política que provocará el cambio de gobierno?

Nadie, por lo visto, quiere hacerse cargo del herido. ¿Lo dejarán morir? Para saberlo habrá que estar atentos al papel que jueguen los priistas que alcanzaron un lugar en la Cámara de Diputados y en el Senado.

Por lo pronto el partido navega a la deriva.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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