Se acabó el Mundial de Fútbol de Rusia 2018. El seleccionado de Francia es campeón del mundo y el de Croacia subcampeón. Justa victoria de los franceses sobre los croatas, convertidos —por razones y sensaciones extra cancha— en los consentidos del torneo. Digna final de uno de los mundiales mejor jugados de los últimos 40 años, ¿o alguien recuerda una justa tan competitiva desde la cita en Argentina 1978?

Bueno, pues terminó el Mundial de Rusia y la pregunta recurrente que escuchamos y nos hacemos: ¿por qué México no puede acceder a los grandes partidos y posiciones de un Mundial? ¿Qué pasa con los jugadores mexicanos?, se preguntan muchos cuando recuerdan que los croatas revelación son prácticamente los mismos que perdieron con el Tri hace cuatro años en Brasil en la fase de grupos.

Se habla mucho de calidad y de mentalidad. Y de la falta que hace al jugador mexicano salir a jugar a las ligas europeas.

Tal vez todo eso influye, sin duda; pero lo cierto que el problema de fondo que tenemos en México —no sólo en el fútbol— pasa por resolver los enormes rezagos en la educación, la formación y la disciplina de los niños y de los jóvenes. ¿O cómo creen que se alcanzan los altos niveles de calidad?

Difícilmente podremos aspirar a un país mejor, no únicamente en lo deportivo, sino en cualquiera de nuestras actividades, si la educación y la capacitación en las etapas iniciales de la vida se siguen relegando, en los hechos, y no son parte de la agenda de la “seguridad nacional”.

Así es como deben entenderlo los gobernantes y, por supuesto también, las élites económicas del país: la educación y la formación de los niños y de los jóvenes es un tema de seguridad nacional.

Jamás se diría que ganar una Copa Mundial de Fútbol te hace un mejor o peor país, pero la celebración de un Mundial y los repetidos fracasos de nuestras selecciones, sí deben ser motivo de reflexión y, en el caso de los gobernantes, de obligatoria actuación y definición de políticas públicas dirigidas a tener un sistema de educación integral que potencie las capacidades y talentos de nuestros niños.

Solo así. Porque no ir a la raíz del problema, nos llevará a seguir con las fastidiosas preguntas…

¡Ah! Y por cierto, ¿qué lugar ocupa el deporte en el proyecto de educación integral básica y media del gobierno de la Cuarta Transformación?

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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