En la ‘guerra’ que ya se desató por el control del vilipendiado Partido Acción Nacional (PAN), el michoacano Marko Cortés Mendoza busca afanosamente lo que podría ser su última tabla de flotación política para los próximos tres años: ser considerado una opción para dirigir al partido.

Su vigencia e intereses políticos enfrentan una coyuntura de alto riesgo: no será Senador de la República -el octavo lugar que le dejaron en la lista de pluris fue fatal- y dentro de 50 días no será más diputado federal.

Se juega, pues, su última carta. Porque lo que sigue será la banca.

La tiene, sin embargo, muy difícil. Cortés Mendoza es parte del grupo perdedor, la “ambiciosa secta” que se formó en torno de Ricardo Anaya y que arrastró al partido a su peor votación nacional desde 1994.

Pero no es la derrota la única factura por la que tendrán que pagar Anaya, Cortés y compañía; lo que no les perdonan los panistas, ni les perdonarán, es haber dañado la institucionalidad partidista, pisoteado la historia del partido, echando al bote de la basura sus métodos de selección de candidatos y negociando una alianza con otros partidos de manera poco clara, cupular.

Con esos antecedentes, a la vista de todos -panistas o no-, y con la larga historia de traiciones y truculencias que se les achaca a los jóvenes que entre 20015 y 2016 tomaron por asalto las riendas de Acción Nacional, hoy les ha llegado la hora de pagar facturas.

Y las cuentas son largas. Bien saben Anaya, Marko, Damián Zepeda y demás aliados, que no tienen forma de escabullirse. Con la pena, pero a pulso se ganaron de amplios sectores en el partido, que sólo esperaban el momento de su derrota, para fraguar la venganza.

Así jugó el anayismo, bajo las reglas de la ley del talión: ojo por ojo, diente por diente. Se sabe que en esas arenas, el que a hierro mata, a hierro muere.

Basta escuchar al gobernador de Querétaro, Francisco Domínguez, del grupo de mandatarios estatales panistas que exigen el ostracismo como castigo a los anayistas:

-¿Se tiene que ir todo el equipo de Anaya?-, le preguntó el periodista José Cárdenas en Radio Fórmula.

-Sí, se tiene que ir, ¡completito!

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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