Derrotado y repudiado, ¿qué va a ser del PRI?; desdibujado, dividido y rebajado, ¿qué será del PAN?; disminuido, en algunas entidades desaparecido, desarticulado, ¿qué irá a pasar con el PRD?
Los tres partidos que dominaron el escenario nacional durante casi tres décadas cayeron en desgracia. El proceso electoral que está por concluir ha sido para priistas, panistas y perredistas una pesadilla, un desastre, que no es una buena señal para el país que requiere de instituciones fuertes, incluyendo sus partidos políticos.
En mal momento el resquebrajamiento partidista. A cinco meses del cambio de gobierno y con el abrumador triunfo de Andrés Manuel López Obrador, quien asumirá la Presidencia de la República prácticamente sin contrapesos políticos, pues ni siquiera su partido, Morena, puede decirse que tiene estructura institucional interna y órganos de dirección independientes, autónomos a los designios del virtual ganador de los comicios presidenciales.
Por su composición variopinta, ademas, Morena carece de una dirección política definida, ya no digamos ideológica, que sería mucho pedir en un movimiento al que se acogieron ex priistas, ex perredistas, ex panistas… todos buscando cobijo y cargos en el lopezobradorismo en campaña.
Así quedó, pues, el escenario para el primer año, por lo menos, del próximo gobierno federal: poder político, casi único, para Andrés Manuel López Obrador, con avasallante mayoría de su partido en las dos cámaras del Congreso de la Unión y sin clara oposición partidista.
Porque nadie puede decir que hoy el PRI, el PAN o el PRD marcarán esa línea opositora; sería un despropósito creerlo así cuando ni siquiera sabemos qué quedará de ellos luego de las purgas y guerras intestinas que se avecinan por la posesión de las membresías de lo que algún día fue. Y ya no será.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







