Vale la pena repetirlo: los comicios de este domingo son trascendentales para el futuro del país; el resultado hoy arrojen las urnas marcará un antes y un después en la historia nacional. Por eso vale la pena insistir: hay que ir a votar y con total libertad, sin miedo, sin odio, aceptar que el ejercicio ciudadano de esta histórica fecha exige, reclama la responsable participación de todas y de todos.

A la hora de votar esa es la reflexión que debemos hacer: qué futuro queremos para el país en los próximos años; porque tampoco hay que engañarnos: ninguno de los cuatro candidatos presidenciales tiene fórmulas mágicas para resolver, en lo inmediato, los problemas que más nos preocupan, como es el de la inseguridad y la falta de empleos bien remunerados.

Tampoco hay paraísos, a pesar de las promesas de quien en campaña ofreció hasta amor y felicidad personal a quien vote por él; ese es, quizás, el mayor de los engaños. Más, porque fueron promesas dirigidas a una sociedad mayoritariamente dolida por la violencia y la inseguridad. Más, porque se trata de promesas que, simplemente, no se pueden cumplir.

Así es: hay que salir a votar, sin miedo y sin enojo; pero también sin el influjo del engaño y la mentira de la promesa fácil. Es mucho lo que está en juego.

¿Qué vamos a hacer? Los millones y millones de mexicanos que acudiremos hoy a las urnas tenemos la palabra; es de nosotros la decisión. No de las encuestas ni sondeos hechos selectivamente a unos cuantos durante meses y semanas pasadas y bajo el bombardeo mediático de las campañas.

Salgamos a votar, pues, y con plena libertad decidir la mayoría qué tipo de país queremos en los próximos años.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí