La información que ayer dio a conocer la dirigencia estatal del PRD sobre las muchas propiedades que tienen cinco candidatos de Morena en la entidad, algunas de ellas de alta plusvalía en el mercado, no es sino la confirmación de que una buena cantidad de los políticos que hoy buscan cargos bajo las siglas del partido de Andrés Manuel López Obrador están a años luz de representar sus publicitadas banderas electoreras: la austeridad, la honestidad y el combate a la corrupción.
Sus fortunas y propiedades, amasadas durante su paso por puestos de gobierno y legislativos, los delatan. Y no hay por qué creer que las prácticas aprendidas y ejecutadas en el pasado no se repetirán. Son los mismos conocidos por todos, nomás que ahora vestidos con chamarras de otro color.
¡Como si el guinda de Morena y aparecer posando con López Obrador en un templete fueran suficientes para el camuflaje!
En un intento por desviar la atención y desvirtuar la información que hizo pública el dirigente estatal del PRD, Martín García Avilés, voceros oficiosos de los aludidos Cristóbal Arias, Raúl Morón, Cristina Portillo, Ignacio Campos y Francisco Márquez dicen que los abusos que se les atribuyen fueron cometidos, en todo caso, durante su militancia perredista.
Manifestaciones de estulticia aparte, ese no es el punto del debate, mucho menos el fondo del asunto que debe reflexionarse a unos días de los comicios y cuando los cinco señalados forman parte de las filas de un partido, Morena, que ha fincado toda su campaña en el combate a la corrupción, la austeridad y la honradez que deben regir entre quienes aspiran a un cargo público.
Ese es el tema; ninguno otro. Porque con esas banderas que tanto pregonan, los morenistas se han abrogado la representación del voto anti sistema, el del rompimiento con con el statu quo y el del hartazgo de los mexicanos con la corrupción desde el gobierno.
Vale la pena poner el tema sobre la mesa hoy que terminan las campañas y cuando estamos a cuatro días de la jornada electoral.
¿O qué creen Arias, Portillo, Morón y compañía? ¿Que de verdad fueron tocados por la mano de la divinidad de Macuspana?
Ahora toca a las ciudadanas y ciudadanos se pregunten y se respondan: ¿creen que los aludidos tendrán corrección con el puro “ejemplo” de ya saben quien?
Suena a charlatanería, ¿a poco no?
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







