¿Y si la elección presidencial se cierra? Contra lo que dicen las encuestas conocidas, vamos en este espacio a lanzar un pronóstico: sí, resultarán los comicios más cerrados de lo que se cree y los sondeos prevén.
Una es la razón, muy válida, para sostener que así puede ser: los electores no son robots, sino seres humanos con emociones, sensaciones, reflexiones, temores y gustos que los hacen cambiantes; y entre sus muchas emociones y sensaciones está la desconfianza a los encuestadores que tocan a su puerta. Situación reconocida por las propias empresas y consultorías.
En ese terreno, y por muy serias, profesionales y rigor metodológico que le pongan, ¿qué tan válido es suponer que lo digan mil o mil 200 personas es representativo del pulso de un universo de electores que ronda los 88 millones de ciudadanos en un país tan extenso y distinto en cada región como es el nuestro?
Las encuestas pueden ser lo que quieran y manden los politólogos, diseñadores de imagen y estrategas electorales para sus cálculos, estrategias y tomas de decisiones, pero ojalá en el futuro se regule su contratación y exhibición mediática, y dejen de ser la regla para medir la percepción ciudadana. Actualmente, todos enloquecen -es un decir- con las encuestas y les dan el valor y grado de certeza que ni los propios encuestadores les otorgan.
Sus fracasos en elecciones pasadas tanto en México como en otras naciones, no ha sido escarmiento. Ahí seguimos, dándole a las encuestas el peso que no tienen; !ah!, pero qué tal polarizan y confrontan.
Por lo pronto, en esta elección, menuda bronca se va a generar en caso de que se cierre la elección. Nadie que se aferre a las encuestas quedará conforme y su incredulidad les corroerá algo más que el alma.
Y que nadie descarte ese escenario: porque además de todo lo anterior, quedan acontecimientos políticos por conocerse y hacerse notar.
Estamos a días. Entretanto, si no quiere tener pesadillas, dígale no a las encuestas.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







