Con el tercer y último debate del próximo martes, en los hechos, terminarán las campañas presidenciales. Y a menos que partidos y candidatos nos tengan reservadas una o más sorpresas verdaderamente impactantes, sus actividades desmerecerán en la atención de una buena parte de los mexicanos.

Dos son las razones: el inicio del Mundial de Fútbol de Rusia el jueves 14 de junio y el propio ritmo de los aspirantes a vivir a en Los Pinos los próximos seis años, la verdad ya muy aburrido, con discursos repetitivos y sin ninguna gracia.

Todas las consultoras especializadas en medir los niveles de audiencia en el país, convienen en que ningún evento que programen los candidatos presidenciales superará en rating a un juego de la selección mexicana.

¿Los candidatos y sus estrategas electorales tienen esa sorpresa que impacte? No, parece que no, más allá de escaramuzas con temas ya muy gastados, que sólo revuelcan y que, por su intrascendencia, difícilmente influyen en el ánimo de los ciudadanos, agobiados por sus propios problemas y, para efectos prácticos, saturados de tanta publicidad de los candidatos que no dice nada.

Así que, como lo único novedoso que ya esperamos es el Mundial de Futbol, habrá que tomar nota de las fechas que tocan a nuestro representativo nacional para salir a las canchas: 17 de junio contra Alemania; el día 23, el rival será Corea del Sur, y cierra fase de grupos el 27 de junio frente a Suecia.

Ese día, cuando el equipo nacional se juegue ante los suecos el pase a la segunda ronda, será el cierre formal de las campañas. Cuatro días después, el primero de julio, habrá que ir a votar. Si México avanza, jugará el lunes 2 de julio.

¿Cuál será para entonces el estado de ánimo de los mexicanos?

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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