Mientras avanzan las campañas y escuchamos a toda hora del día enunciados y pomposas frases de los candidatos presidenciales, se reproducen en el país situaciones de franca ingobernabilidad que nos llevan a plantearnos la pregunta: ¿quién manda en México? ¿Qué niveles ha alcanzado la crisis de autoridad y del estado de derecho?

Por todos lados surgen grupos y manifestaciones con poder de facto que superan y hasta ponen en ridículo cualquiera de los discursos de los presidenciales y, por supuesto, del actual inquilino de Los Pinos, Enrique Peña Nieto.

¿Quién puede creer en el estado de derecho cuando ve por todos los canales de televisión episodios como los ocurridos en Ciudad de Guzmán, Jalisco, que una turba agrede, patea y humilla a elementos de la Marina-Armada de México? ¿Alguien puede apelar a los principios básicos del estado democrático cuando no pasa un día sin enfrentamientos armados entre grupos de civiles o de éstos con las fuerzas armadas y policiacas?

¿Cómo explicar que no pasa una semana sin que se reporte el asesinato de una candidata o candidato a alguno de los miles de cargos locales en disputa? ¿Y los crímenes contra periodistas?

¿No se les cae la cara de vergüenza con el pregón a la civilidad política, cuando a un mes de los comicios, maestros de la CNTE de varios estados de la República toman la Secretaría de Gobernación y desquician la capital del país?

Todo lo anterior son apenas un puñado de ejemplos de las situaciones de ingobernabilidad que se generan y reproducen por el territorio nacional, que vulneran la paz y la tranquilidad de los mexicanos, que se vuelven en el principal obstáculo para el desarrollo social y económico y que dejan en ridículo las muchas frases y pomposos enunciados de los candidatos presidenciales que, la verdad sea dicha, ninguno ha puesto sobre la mesa, con nitidez, un programa de gobierno, creíble, para recuperar el estado de derecho.

Sí, vale la pregunta: ¿quién manda en el país? Y otra más: quien gane el primero de julio la Presidencia de la República ¿tendrá la fuerza suficiente para superar la crisis de autoridad y del estado de derecho, evidentemente ausente en muchas regiones del país?

Aquí se queda… ¡Aquí entre nos!

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