Si como dicen algunos periodistas y analistas políticos, entre Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador existe ya un pacto para la entrega del poder al tabasqueño, estaríamos en la antesala de la gran mentira, de la más grande falsedad histórica del Siglo XXI: el líder de un movimiento político supuestamente antisistema y anticorrupción que gana la presidencia asegurándole impunidad a la camarilla de su antecesor, cuya imagen fue repudiada precisamente por la corrupción.
O sea, amnistía con perdón, gracia y fanfarrias, en este caso para la llamada “mafia del poder”.
¿Hay elementos objetivos para creer que puede darse -o ya se dio- ese pacto? Muchos creen que sí: la encendida defensa de la presidenta formal de Morena, Yeidckol Polevnsky, a Manlio Fabio Beltrones y su amigo Alejandro Gutiérrez, detenido por el gobierno de Chihuahua, así como el reconocimiento al ex procurador de la República, Raúl Cervantes.
¿Cómo? ¿La inmaculada presidenta morenista defendiendo a Gutiérrez acusado de desviar millones y millones a las campañas del PRI en 2016, y ensalzando la figura de quien iba a ser el ‘fiscal carnal’ de Peña?
Pues sí. Así fue y así es. ¿Suficiente para dar crédito a la versión del pacto Peña-AMLO? Bueno, hay más: la insistente arenga del tabasqueño desde la semana pasada para apoyar a Peña hasta el último día de su mandato.
¿Pacto de impunidad transexenal a la vista? El tiempo lo dirá y no faltan muchos meses para saber si lo que hoy son señales se convierten en realidad.
Queda en el aire, sin embargo, una duda: ¿confiarán los priistas y Peña Nieto en la palabra, promesas y guiños de López Obrador?
Porque una cosa sí es segura: de ganar, el de Macuspana muy poco tendrá que dar a su feligresía, a no ser mucho circo y la persecución de la “mafia en el poder”.
Sensatamente, no tendrá otra cosa que dar. Y bien que lo sabe el populista: al pueblo, pan y circo.
Aquí se queda… ¡Aquí entre nos!







