“Andrés es Andrés”, le dijo la ex ministra Olga Sánchez Cordero a la periodista Martha Anaya; cuenta la crónica de la entrevista en El Heraldo de México que muy divertida la señora, propuesta por el tabasqueño para la Secretaría de Gobernación, dijo que al líder de Morena “se le quiere o no”.

Y sí, “Andrés es Andrés”, pero del repertorio de Sánchez Cordero no resulta nada divertido, porque ese Andrés (Manuel López Obrador) es el que ha hecho una larga campaña hasta llegar al que evidentemente era su objetivo: la división del país entre buenos y malos, puros e impuros, redimidos y pecadores, mafiosos y corruptos de un lado, honestos y trabajadores por el otro.

En ese terreno la elección sería suya. Así lo calculó y empezó a trabajar desde que decidió construir su partido Morena, la fuente de financiamiento público que necesitaba para su larga campaña. Las torpezas y errores de los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto fueron decisivas: le dieron todo en margen de acción al caudillo que hoy ofrece en la tierra “el reino de la justicia”.

Pero en tanto no llega ese “reino”, lo único que tenemos como una certeza es que pase lo que pase el domingo primero de julio, al día siguiente el país amanecerá confrontado, peleado entre algunos de sus sectores y con enormes riesgos y dudas, más que soluciones, para el futuro inmediato.

“Andrés es Andrés”, así es; y ese Andrés no es conciliador. Esa es una mentira electorera muy bien calculada por el candidato y sus voceros. Por eso la repiten y la repiten. Ya se verá si gana y hasta podemos adelantar que, de ser así, se mantendrá en campaña luego del 2 de julio para terminar de amarrar sus lazos con el “pueblo bueno” y apenas tome posesión, en diciembre, asestar el primer golpe a quienes tiene ubicados como cabezas y beneficiarios de la ‘mafia en el poder’.

No, no es cierto que habrá perdón; tampoco olvido ni amnistía para la “minoría rapaz de la mafia del poder”; tampoco la gran convocatoria a la reconciliación nacional.

Sometimiento, eso es lo que espera el líder de Morena. Claudicación y cero crítica para entrar al “reino de los justos”. Ese es Andrés, el Andrés que tiene tan divertida a la ex ministra Sánchez Cordero.

“Se le quiere o no”, agrega. Y ese es el problema, la gran pregunta: ¿hasta dónde llevará la polarización Andrés, el verdadero Andrés que presume la ex ministra? ¿Hasta dónde la confrontación? Porque “Andrés es Andrés”.

Ya se verá.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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