Lo dicho: los debates entre candidatos en México no son espacio para la presentación de propuestas; los formatos, por más que se pretendan innovadores, y las propias reglas no escritas del sistema, son un impedimento.

Sí son, en cambio, escenarios para la confrontación de visiones, personalidades y trayectorias políticas; permiten la exhibición de culpas, errores, abusos y mentiras de unos y de otros, y generalmente el mejor librado resulta ser el candidato que mejores golpes asesta a sus contrincantes y con destreza se sacude las acusaciones que le asechan.

Lo volvimos a ver anoche en el debate que protagonizaron los siete aspirantes a la alcaldía de Morelia, en el que el formato diseñado por las cámaras empresariales que lo organizaron, quedó opacado por la cantidad de candidatos.

La mera verdad son muchos y la cantidad, ni hablar, casi nunca es buena compañera de la calidad. Pero en fin, parte de las reglas no escritas del sistema: la sobre representación que en realidad no existe.

Y en este escenario, ¿qué nos dejó el debate por la Presidencia de Morelia? Algunas certezas: primera, que la contienda se cerrará entre los candidatos Carlos Quintana, de la coalición PAN-PRD-MC, y Alfonso Martínez, independiente que busca la reelección.

Segunda, que Raúl Morón ha moderado su discurso y así se mantendrá en espera de que la candidatura presidencial de Andrés Manuel López Obrador le sume los votos que le permitan acercarse a los primeros lugares; tercera, que a Daniela de los Santos le pesa mucho el descrédito de su partido, el PRI, y una cuarta, que Fausto Vallejo juega a ganar perdiendo, apostándole al cruce de los votos o del sálvese el que pueda.

En cuanto al uno a uno, entre Quintana y Martínez, hay que decir que fue el panista quien más provecho sacó del ejercicio de anoche. Llevó el debate a los terrenos que más le convenían y provocó que Alfonso concentrará su atención en él.

El resultado: el propio Alfonso contribuyó a posicionar a Quintana como el rival que más le preocupa y que le puede arrebatar la presidencia de Morelia. La percepción, a partir de ahora, será que el candidato del PAN-PRD-MC es quien más crece rumbo al primero de julio.

Y mucho tendrá que agradecerle al alcalde con licencia que, la verdad sea dicha, equivocó la estrategia desde su primera intervención, al anunciar que sería el blanco de la mayoría de las críticas de sus oponentes. Hasta enumeró los temas de sus flancos débiles, los más cuestionados.

Fracasó y resultó una mala copia de la estrategia pejista muy de moda de la auto victimización. La razón es muy sencilla: Alfonso representa un gobierno y desde el momento que optó por el camino de la reelección, su gestión entró a debate, expuesta al escrutinio y a la crítica de quienes buscan relevarlo.

De eso se trata; lo demás es una muy poco creíble inocentada del alcalde o un muy creíble intento -fallido- de curarse en salud. Nos quedamos con la impresión de lo segundo.

De ahí en adelante, no tuvo ojos ni oídos más que para Quintana, con quien quedó trenzado en lo
se anticipa será un mano a mano por la presidencia de Morelia, ya con muy poco margen para el error.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí