Morelia, Michoacán.- Las marabuntas humanas se aventaban por escuchar al candidato. “Ya llegó”, gritaban unas bellas señoras de la tercera edad, cuyas arrugas se acentuaban con el sudor del calor veraniego.
“Con ustedes: Ricardo Anaya Cortés, candidato a la Presidencia de México de la Coalición Por México al Frente”, dice una voz en off y con la energía de un infante, Ricardo Anaya sube al templete.
Arranca su discurso. Las mujeres, su tópico de apertura. “No es normal que 7 de cada 10 mujeres hayan sufrido algún tipo de violencia. No es normal que a las mujeres por hacer el mismo trabajo les pagan menos que a los hombres. Cuando yo sea presidente, eso se va a acabar”, clamó el que quiere sustituir a Enrique Peña Nieto en la residencia de Los Pinos.
Más aplausos y más ruido. El amplificador multiplica los decibeles de la voz de Anaya y retumba el Palacio del Arte de Morelia: hay un candidato presidencial adentro.
El hombre Anaya sigue su discurso, hay murmullos, pero nada se distingue, solo la voz de tenor cuarentón del candidato.
“Con el PRI, México no va por el camino correcto, hay mucha corrupción en el gobierno priista. Tan solo por mencionar un rubro; en salud no les dan las medicinas que ustedes necesitan, ¿o sí?”, cuestionó el panista a los simpatizantes reunidos en el recinto, ante lo cual se escuchó un previsible “¡nooo!”.
Y el candidato prosigue: “(…) y les dicen que no hay dinero, ni presupuesto, pero sí hay dinero pero se lo están robando”, matiza suavemente, para entrarle al multicitado tema de la corrupción.
Anaya se compromete con los jóvenes y los campesinos michoacanos, a todos los va a hacer felices, dice.
Tras 15 minutos de promesas, el candidato baja del templete, se toma unas decenas de selfies con simpatizantes. Su sonrisa es perpetua, no la borra, dice que será presidente.
Tras tumultos aventándose por salir del recinto, Anaya aborda un Jetta azul en compañía de su incondicional panista Marko Cortés. El mitin acaba, y Anaya parte a su destino, sonriente.







