El segundo debate entre candidatos a la presidencia de la República terminó como empezó: la competencia por el agravio y la descalificación mayor, todo con el aderezo del apodo, la burla y los chistes de mala leche a costa de los contendientes.
El ganador en Tijuana: el espectáculo político, que se animó, además, por el novedoso formato que se aprobó para esta ocasión.
Se trataba, según la convocatoria, de conocer cuál de los cuatro tenía mejores propuestas para los migrantes mexicanos y en política exterior, principalmente frente al gobierno estadounidense de Donald Trump.
Pero salvo enunciados electoreros, poco claros y sin sustancia, Ricardo Anaya, Andrés Manuel López Obrador, José Antonio Meade y Jaime Rodríguez ‘El Bronco’, quedaron mucho a deber. Y si alguien esperaba que el encuentro en la fronteriza ciudad redefiniera el curso de las campañas, se quedó con las ganas.
Hasta sus voceros en los programas televisivos post debate se quedaron en la orfandad, sin ideas que rescatar: ¿el mejor momento de sus candidatos? Dijo Tatiana Clouthier sobre Lopez Obrador: “cuando le dijo a Anaya ‘Ricky riquín Canallin’ y cuando escondió su cartera” del panista; Jorge Castañeda de Anaya: “cuando le dijo a Andrés Manuel demagogo y lo exhibió como un ignorante”; Aurelio Nuño de Meade: “cuando enfrentó a López Obrador por el tema de la candidatura al senado de Nestora Salgado (acusada de secuestradora) y el control familiar de los recursos del partido Morena”.
¿’El Bronco’? Bueno, ‘El Bronco’ es como es y será recordado por la puntada de haber logrado que el candidato moreno abrazara al tricolor. “Andrés Manuel dales un abrazo a José Antonio y a Ricardo; ándale, dales un abrazo..”
Y luego la descalificación de los tres: ¿Cómo quieres gobernar si se la pasan peleando, a ver quién es más rata?, les espetó el regiomontano.
Pero en fin: los candidatos y sus seguidores iban a lo suyo. El de Morena a mantener su ventaja en las encuestas y a mostrar que el también sabe atacar y bien que sabe repartir; el del PAN y el del PRI a acortar distancias, desatando lo mejor de su arsenal, obviamente contra el puntero, pero sin dejarse de raspar uno al otro, y el “independiente”, pues a enseñar que para eso del descontón se pinta solo.
¿Cambiarán las tendencias? Muy poco por lo visto anoche. Pero habrá que esperar.
¿Quién ganó en Tijuana? Será otra pregunta que se repetirá a partir de este lunes en todos los espacios. Se sabe que la respuesta tiene que ver con gustos y simpatías, pues lo único cierto es que los cuatro se dieron con lo peor que tenían a la mano en una campal de todos contra todos.
¿Alguna conclusión? Sí, una: la elección no está definida. Mucho menos con el espectáculo de anoche.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







