El caso Margarita Zavala parece estar más en el imaginario del ‘círculo rojo’ que en la real correlación de fuerzas políticas en el país; tampoco tiene el liderazgo social que algunos quieren atribuirle, y ni siquiera en algún sector en específico su influencia es determinante.

El bajo nivel en las encuestas y los muchos negativos que carga la ex panista, son reflejo de lo anterior. Por eso, en lugar de crecer, su candidatura presidencial siempre fue a la baja.

¿Qué representaba realmente Margarita Zavala en la contienda por la Presidencia de la República? La respuesta es clara: una participación testimonial, así como la permanente cita -y lamento para muchos- de la fractura en el Partido Acción Nacional (PAN), al que renunció cuando Ricardo Anaya y su grupo le cerraron el paso a sus aspiraciones presidenciales.

Y fuera del PAN comenzó el declive de la señora; incluso, el aparente ‘liderazgo político’ que tenía dentro de las filas blanquiazules poco se notó y muy poco influyó entre quienes se proclamaban como parte del grupo de su esposo, el ex presidente Felipe Calderón.

Nadie, ninguno la siguió. ¿Javier Lozano? Mejor se regreso al PRI, a la campaña de José Antonio Meade; ¿Ernesto Cordero? Se quedó a deambular por el Senado; ¿Roberto Gil? Se refugió en la academia, ¿Y los gobernadores panistas? Todos le dieron la espalda.

Su peso e influencia, tanto fuera como dentro del PAN, han sido más causa de los medios de información, analistas y columnistas políticos, que una constante en la actividad pública de la señora Zavala, quien podrá ser inteligente, agradable, sensata, simpática y valiente, pero a la que no puede atribuírsele el liderazgo político y social que algunos se inventaron.

Ahora decidió bajarse de la contienda presidencial y otra vez el escándalo, cuando en realidad, más allá de lo noticioso, poco alterará tanto las encuestas por venir como el resultado de la jornada electoral del primero de julio.

¿Cuántos votos representaba Zavala? Si los sondeos hechos hasta esta semana fueran más o menos certeros, estaríamos hablando de entre 1.5 y 2 millones. Insuficientes para hacer la diferencia en las campañas de Meade o de Anaya, que desde ayer entraron a la rebatiña por los favores políticos de Zavala.

Pero además, es absolutamente falso que ese probable número de votos se trasladen en bloque hacia otra candidatura, aún cuando se diera el caso de un pronunciamiento público de Margarita.

¿De dónde sacan Meade y Anaya que los votos de los simpatizantes de Zavala en automático pueden ser de ellos? ¿Quién puede sostener esa peregrina idea?

Margarita Zavala deja la contienda y punto. No hará mayor diferencia en el resultado. La veremos otra vez, quizás, cuando en una eventual derrota de Anaya, deban los panistas regresar a recoger el tiradero.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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