“Menos víscera y más razón”, pidió el presidente Enrique Peña Nieto ayer a los mexicanos que el próximo primero de julio acudan a las urnas a elegir a quien lo relevará en el cargo el primero de diciembre de este año.
Pero la recomendación del mexiquense parece sólo un buen deseo, imposible de alcanzar. Todas las encuestas, sondeos, análisis y proyecciones, incluso de los candidatos, apuntan a una elección en la que los factores determinantes serán el enojo, la irritación social, el repudio sin concesiones al gobierno y el miedo.
Todo, pues, menos la razón. La bilis domina en el proceso electoral, a tal grado que los mismos candidatos presidenciales se han encargado de dividir a los mexicanos entre buenos y malos, puros e impuros, corruptos y arrepentidos; alarmante que las propuestas que más difusión y penetración han alcanzado sean aquellas que, implícita o explícitamente, van acompañadas de la amenaza a un sector o a un personaje.
El ánimo de venganza, la oportunidad de la revancha y de cobrar “deudas históricas”, “la sangre” del oponente es lo que está en la oferta al electorado, que ve en ella la posibilidad del desquite por tanta corrupción, violencia y desatención.
Ahí está el caso del aeropuerto internacional que tanto espacio tiene en los medios; el tema de las reformas educativa y energética; los pendientes en el combate a la corrupción y la impunidad, e incluso algunos los programas que se han planteado para el desarrollo económico del país: todos van acompañados de la amenaza.
Y el que más alto la lanza, más puntos alcanza en las encuestas y marca la agenda en los medios y redes sociales.
El caso del aeropuerto es sintomático: mientras Andrés Manuel López Obrador amenazaba con que de ganar cancelaría la obra e investigaría los contratos “corruptos” que presumía ahí se fraguaron, se imponía en las primeras planas, las redes se inundaron de todo tipo de comentarios y… ahora que ya le bajaron a la tensión y hasta el propio tabasqueño moderó su discurso sobre la terminal aérea, dejó de ser “la nota”.
Así podríamos seguir la revisión, caso por caso, tema por tema: ¿ha ganado la bilis? ¿Ganará también el primero de julio? A 51 días de la elección, todo parece indicar que sí.
Aquí se queda… ¡Aquí entre nos!







