FOTO: Proceso

Con la llegada del ex gobernado de Guerrero, René Juárez Cisneros, a la dirigencia nacional del PRI, el mensaje es claro: nada de declinaciones; el priismo cerrará filas y se la jugará a cara o cruz, además de que buscará activar a la vieja guardia del partido en los estados, hasta ahora escéptica, distante de la campaña de José Antonio Meade, quien por cierto hoy está de gira por Michoacán.

No vamos a reproducir aquí el currículum del guerrerense; simplemente diremos que su trayectoria lo ubica en el sector más duro del priismo. Así que su designación, en relevo del michoacano Enrique Ochoa Reza, es un mensaje, sí para el exterior, pero sobre todo hacia el interior del partido.

Desde el equipo de Meade, se apresuraron a enfatizar —apenas trascendió la noticia— que el cambio había sido por instrucciones del propio candidato presidencial; pero resulta obvio que se trata de una decisión en la que tuvo mano el presidente Enrique Peña Nieto, a tiempo para despejar las versiones cada vez más insistentes de que estaría “negociando” con empresarios y estrategas de la campaña del panista Ricardo Anaya, el futuro de la candidatura tricolor.

Y a riesgo de que la militancia se les desmoronara y la campaña presidencial de plano naufragara, se ordenó el relevo de Ochoa Reza, perdido desde el primer debate el pasado 22 de abril. La pésima ‘operación’ que hizo en el postdebate fue la tumba política para el ex director de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), en plena campaña.

Para nadie es un secreto, además, que Ochoa Reza nunca fue aceptado por la nomenclatura tricolor y no supo, pudo o quiso sinergia con los coordinadores regionales de la campaña presidencial: Manlio Fabio Beltrones, Beatriz Paredes, Carolina Viaggio, Mariano Zarur, Miguel Ángel Osorio Chong y el propio Juárez Cisneros.

En fin. Lo que ahora habrá que ver es si el relevo les sirve de algo a los priistas y a Meade.

Pero lo que sí podemos aventurar es que la llegada de Juárez Cisneros a la dirigencia nacional podrá resolver problemas internos del partido, pero difícilmente reencauzará la campaña del ex secretario de Hacienda.

Porque también puede ser que el ex gobernador de Guerrero haya sido enviado al edificio de Insurgentes Norte en Ciudad de México solo para tener a alguien con vocación y espíritu de sacrificio para recoger escombros.

Aquí se queda… ¡Aquí entre nos!

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