La posibilidad de una o más declinaciones en la contienda por la Presidencia de la República sólo tomará forma hasta después del segundo debate, el próximo 20 de mayo. ¡Y todo lo que nos estaríamos ahorrando en tiempo, especulaciones y acusaciones si hubieran aprobado desde el año 2000 -cuando se planteó con más fuerza- la segunda vuelta electoral!
Pero el hubiera no existe. Y lo que tenemos es lo qué hay: un candidato puntero que asusta en muchos sectores de la sociedad, no sólo en el empresarial; cuatro más que dispersan el voto, y un enorme porcentaje de indecisos, que según las encuesta más serias promedia entre el 18 y 20 por ciento de los ciudadanos con credencial de elector.
En ese escenario, resulta más que oportuno la convocatoria al llamado voto útil que salió del equipo de campaña de Ricardo Anaya, el candidato de la Coalición Por México al Frente (PAN-PRD-MC) que luce como el único capaz de arrebatarle a Andrés Manuel López Obrador, de Morena-PT-PES, el triunfo en la jornada electoral del primero de julio.
Los estrategas de Anaya, encabezados por su coordinador de campaña Jorge G. Castañeda, saben bien que independientemente de lo que pase el día después del 20 de mayo, tendrán que haber hecho una titánica campaña del significado del voto útil, su conveniencia y dirección, que van en dos tiros de precisión: por un lado, sacar de Los Pinos al PRI de Enrique Peña y la corrupción, y por el otro, impedir que el “viejo PRI autoritario, populista y presidencialista que representa López Obrador” se instale en la casa presidencial.
Se trata de una práctica política válida en cualquier país del mundo -en México ya se recurrió a ella en el 2000 y permitió el triunfo de Vicente Fox Quesada y el paso a la alternancia- y no de un “complot”, como quieren hacerlo ver los morenistas. Y tan no es complot que sus intenciones no se ocultan y se plantean abiertamente, para el análisis y comprensión de la mayoría de los votantes, que finalmente es el objetivo.
Eso es lo que tenemos; eso es lo que hay. En las próximas semanas, que arreciará la lucha política por el poder, sabremos qué tanto penetró la idea y los alcances de la convocatoria.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







