Las campañas por la Presidencia de la República empiezan a endurecerse y desde los cinco frentes electorales dan señales de la “guerra” que se avecina.
Queda claro que, hoy por hoy, la “declinación” de alguna de las candidaturas está tan lejos como el 20 de mayo en Tijuana, fecha y lugar del segundo debate entre la y los aspirantes.
Por el lado de Andrés Manuel López Obrador -que bien se las gasta en eso de la “guerra de lodo” y el golpe bajo-, luego de su derrota en el primer debate del domingo pasado, abrió fuego contra Ricardo Anaya declarado, unánimemente, como vencedor.
“Vulgar mafiosillo”, “ratero”, fueron los términos elegidos por López Obrador -cada vez más acostumbrado a ese tipo de expresiones para referirse a quien no le rinde pleitesía-, para contestar a Anaya, quien lo retó a un debate “cara a cara”.
Arrinconado en una de sus más claras debilidades, el tabasqueño se burló del panista: “si voy me puede robar hasta la cartera”.
Y mientras Anaya escuchaba la “fluidez verbal” del Peje, desde las filtraciones con marca tricolor le asestaron otro golpe con el tema del supuesto “lavado” de dinero que han querido imputarle. Parecía que había que empeñar su triunfo en el dominguero debate.
La rudeza llegó desde Madrid: según información del diario digital El Español, Anaya está involucrado en una “investigación internacional” por operaciones para el blanqueo de dinero. Nada que no se haya dicho ya sobre el caso de la nave industrial y el empresario Manuel Barreiro, nomás que ahora los españoles le agregaron que se trató de una operación para financiar su campaña.
Poco impacto tuvo en el país la “revelación” de El Español, que evidentemente traía otro mensaje: el PRI no se ha rendido y venderá cara la derrota de su candidato José Antonio Meade, quien por cierto anduvo muy activo en estos días presentando las pruebas que acreditan que ante el Registro Público de la Propiedad, López Obrador sí es dueño de por lo menos dos departamentos.
El líder de Morena puede decir que ya se los cedió a sus hijos -a lo mejor es cierto-, pero ante el Registro Público de la Propiedad sigue siendo el dueño de los inmuebles. Ahí Meade le ganó la apuesta que, a lance del tabasqueño, se hizo en el debate.
No hubo pago, por supuesto. Los “apostadores” resolvieron así el problema:
Del morenista al priísta: “Ternurita, ya te quedaste sin departamentos”.
Respondió el priísta al morenista: “tú no das ternura, das vergüenza”.
¡Ah, la fluidez verbal y la claridad de los argumentos! El sistema los hace y las campañas los juntan.
Pero en fin, esta guerra apenas empieza. Descartemos las propuestas; olvidemos el contraste entre proyectos; digámosle adiós a las posibilidad de escuchar soluciones a los problemas del país.
Los candidatos y la candidata están en lo suyo: compitiendo a ver quién dice más insultos y mentiras por minuto.
Aquí se queda… ¡Aquí entre nos!
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