¿Se presentará Andrés Manuel López Obrador al segundo debate programado para el 20 de mayo en la fronteriza Tijuana?

La pregunta no es gratuita. Al político tabasqueño no le gustan esos escenarios, le incomodan. Y pudiera darse el caso que si para esa fecha las encuestas lo siguen favoreciendo con una cómoda ventaja sobre el resto de los contendientes por la Presidencia de la República, decida no asistir.

Cualquiera que lo ha escuchado referirse a los debates entre presidenciables -ha participado en cuatro, sumando ya el de este domingo- puede dar cuenta que le irritan. Y hay que recordar que en su inicial intento por llegar a Los Pinos (2006), no se presentó al primero de los encuentros programados, precisamente cuando las encuestas lo perfilaban con más de 10 y 15 puntos de ventaja sobre el panista Felipe Calderón y el priísta Roberto Madrazo, respectivamente.

Que el no haber asistido marcó el inicio de su caída en los sondeos (percepción e intención de voto) es algo de lo que, hoy todavía, no está plenamente convencido. Hace doce años y aún ahora, insiste en que todas las encuestas que al final de aquellas campañas marcaban un virtual empate técnico con Calderón, estuvieron “cuchareadas”, al servicio del panista y de la “mafia en el poder”.

Ha dicho incluso que su decisión de no asistir a ese debate, obedeció a que se enteró de un acuerdo entre los medios de comunicación para orquestar una campaña en su contra y decir que había perdidos.

Como quiera, al segundo debate de aquel proceso de 2006 y a los dos de 2012, no dejó de asistir.

Ahora, en este su tercer intento por llegar a Palacio Nacional, acudió el domingo al primero de los tres debates programados y organizados por el Instituto Nacional Electoral (INE), previo acuerdo con todos los partidos, incluyendo, claro está, a Morena.

Si bien los análisis que se han hecho sobre el resultado en el Palacio de Minería no le son completamente desfavorables, la mayoría destaca como ganador a Ricardo Anaya Cortés, candidato de la coalición Por México al Frente (PAN-PRD-MC), haciendo énfasis en el fastidio, mal humor, cansancio y lenguaje corporal poco favorable para el tabasqueño.

La imagen que ha trascendido sobre el final del encuentro en Minería, con un López Obrador abandonando el recinto sin despedirse, ni de los candidatos ni de los periodistas que lo moderaron, evidencian el malestar e incomodidad con la que se presentó.

En una sus intervenciones durante el debate, dijo que sus contendientes “le echaban montón”, mismo discurso que siguieron sus voceros en los programas de radio y televisión que siguieron al término del ejercicio.

La dirigente nacional de Morena, Yeidckol Polevnsky, y uno de los asesores del tabasqueño, John Ackerman, llegaron a decir, incluso, que había una clara estrategia para atacar a su candidato.

La teoría del complot, otra vez, en marcha.

Por todo esto, cabe la pregunta: ¿se presentará López Obrador al segundo debate?

Aquí se queda… ¡Aquí entre nos!

 

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