Fotos: Agencia Altorre / El Universal

La reacción de la dirigencia nacional del PRD a la decisión del gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles, de expresar públicamente su apoyo a la candidatura presidencial de José Antonio Meade, no pudo ser más desatinada.

¿Sanciones y hasta el amago de expulsión sólo por manifestarse en favor de uno de los aspirantes? La verdad, la mera mención suena a un sonoro despropósito, y se acerca más a esa izquierda polpotiana, radical, intolerante que sus cuadros dirigentes dicen despreciar.

¿Traición? ¿Incongruencia? ¿Incumplimiento de acuerdos y a los mandatos de los órganos de dirección partidista? ¿Deveras creen los Chuchos, el mancerista Manuel Granados y la siempre negociadora ADN, que están en condiciones de abrir ese debate interno en plenas campañas electorales?

Silvano Aureoles no hizo más que, en pleno uso de sus derechos constitucionales, lo que puede hacer cualquier ciudadano mexicano: expresar sus preferencias por uno de los suspirantes a despachar y vivir en Los Pinos en el próximo sexenio. En ninguno de sus mensajes en redes sociales ni en la entrevista que concedió a Milenio Televisión el sábado pasado llamó a los perredistas a romper con la Coalición Por México al Frente, tampoco les pidió votar por uno u otro candidato.

Su rompimiento fue a título estrictamente personal. Y así lo aclaró. Es más, inclusive precisó, en la mencionada entrevista, que no tenía intenciones de renunciar a su militancia perredista.

Lo único que dijo es que su apoyo -entiéndase: “su” apoyo- es para Meade. Punto.

¿Y entonces? Si el PRD lo expulsara, seguro que no va a ganar nada, salvo el ridículo. Y perderá más la coalición.

¿Lo entenderán allá donde, al parecer, ronda el espíritu de Pol Pot? ¿La quieren más suave y menos exagerada? ¿Quién les gusta?

En oportunismo panista 

Por el lado del PAN, las reacciones resultan, a las claras, totalmente oportunistas.

¿Por qué han de relevar a Antonio García Conejo de la candidatura al Senado de la República?

¿Acaso creen que es el responsable o influye en las decisiones, personales, del gobernador?

Puede entenderse, en política real, que el diputado federal Marko Cortés y sus huestes vean en esta coyuntura la posibilidad de hacerse de la primera fórmula de las candidaturas que se disputan un escaño en la Cámara Alta… pero, ¿y les sirven las formas? ¿Es propicio el momento?

Si los panistas insisten ir por ese camino, lo que sigue es la ruptura, definitivamente, de la coalición. ¿Quién gana? ¿Quién pierde?

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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