El primer debate entre los candidatos presidenciables será definitivo para el resultado de la jornada electoral del primero de julio, porque si José Antonio Meade y Ricardo Anaya no muestran el domingo que traen algo más que buena conducta y cursos de idiomas y oratoria, difícilmente se convertirán en los siguientes dos meses en candidatos competitivos.

Meade y Anaya confirmarán la regla: lo que natura no da, candidatura presidencial no presta. Y ni hablar, se confirmará lo que muchos dijeron sobre las postulaciones del ex secretario de Hacienda y del otrora ‘joven maravilla’: sobre el primero se equivocó el elector que vive en Los Pinos y al segundo lo acabó su ambición.

¿Será entonces inevitable el triunfo de Andrés Manuel López Obrador? Lo cierto es que hasta ahora el tabasqueño no ha tenido competidores. La evidencia está en que las situaciones que hasta ahora más lo han incomodado desde que quedó definido el tablero de los aspirantes a la Presidencia, han sido por sus exabruptos o los desencuentros que ha tenido con el sector empresarial, sobre todo por el tema de la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México.

Habrá que decirlo con todas sus letras: en los meses que van de campaña, que en realidad empezó desde diciembre pasado, ni el priísta Meade ni el panista Anaya han sido pieza; no han dado color y desde sus ‘cuartos de guerra’ —se supone que los tienen— parece que están empeñados en hacer que gane el de Morena.

El absurdo que protagonizaron durante semanas y semanas por pelear quién de los dos estaba en segundo lugar en las encuestas abrió el socavón en el que ahora están atorados y no se ve a la vista grúa que los pueda sacar. El caso más difícil parece ser el de Ricardo Anaya, quien no termina de sacudirse el velo de dudas sobre su patrimonio y negocios privados.

El joven político queretano no dado hit en toda la campaña. Más que para ninguno, el debate del próximo domingo será su última oportunidad de agarrar boleto para subirse el tren, porque si del encuentro no sale como triunfador absoluto, que se olvide ya del primero de julio. Los peores golpes han sido contra él y estamos a horas de ver si tiene capacidad de reacción.

Meade tiene una ventaja —es un decir— sobre Anaya: poco ha sido golpeado el cinco veces secretario de gabinete federal en gobiernos distintos; pero tiene en su contra la marca PRI, que no sería tan alarmante y preocupante si el hombre fuera aceptado por el priismo duro y las fuerzas estatales del tricolor que caminan desorientadas, sin dirección ni liderazgos.

Y ojo, que puede ser una elección catastrófica para los priistas, pues recordemos que el primero de julio también estarán en juego las cámaras de Senadores, de Diputados y nueve gubernaturas.

Así pues, estemos listos al domingo 22 de abril, que será definitivo para el resultado electoral de este año.

Se nos olvidaban Margarita Zavala y El Bronco, pero… ¿pintan de verdad en la contienda? Veremos, también el domingo, cuál será su papel.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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