El alcalde Alfonso Martínez Alcázar, la semana pasada, y ahora Antonio García Conejo, candidato al Senado de la República por la Coalición Por México al Frente han puesto sobre la mesa del análisis y del debate la importancia de que el proceso electoral no sea espacio para la llamada “guerra sucia”.

Ambos, desde sus posiciones políticas distintas, existieron el tema en el marco de los primeros acuerdos que emanaron de la Mesa para la Gobernabilidad durante las campañas electorales.

De suma importancia será hacer caso a los llamados, tanto del aspirante a reelegirse en la presidencia municipal de Morelia, como del candidato a la Cámara Alta del Congreso de la Unión, y desde todas las trincheras ciudadanas advertir que la guerra sucia polariza, confronta y divide.

Y ni en Michoacán ni en Mexico en general estamos como para ponerle más gasolina a fuego. Proteger, blindar el proceso electoral es responsabilidad mayúscula, más ahora que la acechanza del crimen organizado se ha hecho realidad y que el proceso en sí mismo quedará marcado por el alto número de candidatos que han sido asesinados o víctimas de un atentado.

Si, para el registro histórico quedará que el de 2018 ha sido el más violento de los últimos cincuenta años en el país, más incluso que el aciago 1994.

Por eso, sin duda, poner un freno a la guerra sucia entre partidos y candidatos se presenta, no como regla básica, sino obligada.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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