La reelección, que se estrena en nuestro país en un sistema democrático más o menos aceptado por todos, también estará a prueba el próximo primero de julio.

Y en muchos municipios y distritos del país, se verá qué tanto es aceptado ese modelo de gobierno y electoral. Será, además, una radiografía, un buen diagnóstico del estado que guardan las administraciones locales con los ciudadanos.

Es el caso de Morelia, la capital de Michoacán, en donde el alcalde Alfonso Martínez Alcázar se ha planteado la reelección. Y sabe que, en los hechos, el proceso y la jornada electoral del primero de julio será una especie de referéndum a su gestión y que, por obvias razones, esa misma gestión es la que estará a debate de todos los candidatos del resto de las fuerzas políticas.

Más todavía: los más de dos años que Martinez Alcázar ha despachado en Palacio Municipal serán la referencia inmediata de los morelianos a la hora de razonar y emitir su voto.

No hay más. La experiencia nos indica que, en el caso de México, las mayorías electorales —desde que se instauró la alternancia— califican en las urnas las administraciones en curso, las que están por terminar. La memoria histórica no va más atrás.

La figura de la reelección, en tanto, que en otros países da paso a la continuidad de un proyecto o modelo de gobierno, no forma parte de la cultura de los mexicanos y su aceptación o rechazo aún está por medirse.

No hay que olvidar, en ese mismo tenor, que hasta hace unos años, el tema de la reelección era un tabú en nuestro país, satanizado incluso por la clase política.

Así es de que la reelección, su efectividad y bondades que indudablemente tiene en los sistemas democráticos, será también parte del debate durante y después del proceso.

Y debe ponerse así, con todas sus letras, a la vista de los ciudadanos.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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