Foto: Proceso

Morelia, Michoacán.- La violencia y actos de delincuencia organizada que no paran en el país y que en las últimas semanas han registrado un incremento en el número de enfrentamientos y homicidios encendieron los focos rojos en el gobierno federal, sobre ahora que están por iniciar las campañas políticas federales y estatales.

Nos dicen que hay “temores fundados” de que la violencia pudiera incidir en la contienda partidista e incluso en el resultado del primero de julio en algunos municipios o regiones; nos explicaron que no es que se tengan pruebas que señalen la conexión directa entre candidatos y grupos delincuenciales, pero en cambio “sí hay evidencias” de que las organizaciones criminales “mandan señales a los candidatos -y por supuesto a los gobiernos- de su poder e influencia”.

La intención y los objetivos son claros en el repunte de la criminalidad a lo largo y ancho del territorio nacional.

Y ahí no terminan las preocupaciones en el gobierno federal. Tienen claro que la escalada de violencia repercutirá directamente en los candidatos de su partido, el PRI, a quienes tocará pagar el mayor costo por el fracaso de las estrategias y planes que se han puesto en marcha contra la delincuencia y los delitos de alto impacto.

El doble riesgo, pues, salta a la vista: por un lado, que la violencia y los índices delictivos se disparen en los próximos meses, opacando y manchando todo el proceso electoral; por el otro, la derrota inevitable del PRI, que en un escenario así los haría perder no sólo la Presidencia de la República, sino varios de los estados que aún gobiernan, además de que los desplazaría al tercer lugar entre las fuerzas partidistas en el Congreso de la Unión.

Una combinación así sería catastrófica. Para el gobierno y para el PRI, sí, pero también para el país, pues 2018 se convertiría, con toda seguridad, en el año más violento de que se tenga registro.

El panorama, así, en términos de seguridad se vislumbra sombrío. Y hay “temores fundados” de que se haga realidad… una dura realidad.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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