“A veces, el capo llega a usar su influencia para apoyar alguna campaña de algún candidato, de quien se espera alguna subordinación”. El escenario dibujado no pertenece a alguna película de algún director ni algún país de alguna región del mundo.

Se trata de la advertencia que ayer en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión hizo el contralmirante Martín Barney Montalvo, director del Instituto de Investigaciones Estratégicas de la Armada de México. Y se refería a México y al proceso electoral en curso.

Entonces, abundó, los capos se vuelven “actores políticos de facto que socavan la legitimidad del Estado”, al mismo tiempo que ganan impunidad “para imponer su autoridad”.

Fue en el foro Seguridad y Participación Ciudadana en México que se llevó a cabo en San Lazaro. Ahí también habló el director de Derechos Humanos de la Defensa Nacional, general José Carlos Beltrán, quien reforzó la idea del contralmirante, advirtiendo de la gravedad de la impunidad de que gozan “muchas autoridades civiles” en el país “enlistadas en las nóminas de los grupos criminales”.

Eso sí que “es muy grave”, atizó el general Beltrán, quien soltó una verdad de Perogrullo: la violencia no la generan los soldados realizando labores de vigilancia; la violencia la generan el tráfico de drogas y de armas.

Puestas sobre la mesa las advertencias y los riesgos de que se repitan estos escenarios en las elecciones a gran escala de este año, las preguntas son desalentadoras: ¿que van a hacer las autoridades y responsables de la conducción del proceso? ¿Cuántos y qué capos usarán su influencia y dinero para apoyar alguna campaña de algún candidato?

Por ahí hubieran empezado.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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