De “risa loca” calificó Ricardo Anaya las acusaciones que lo involucran con operaciones de lavado de dinero y que otra vez pusieron en duda la integridad de su patrimonio; pero a diferencia del candidato presidencial, entre los dirigentes partidistas de la Coalición Por México al Frente empiezan a desesperar los tantos flancos débiles que está mostrando el ex líder nacional del PAN.
Saben en el PRD, MC y los panistas que una mala candidatura presidencial, cuestionada y, en este caso, con carpeta de investigación abierta en la Procuraduría General de la República (PGR) puede ser dinamita pura para su proyecto político-electoral e impactar en el resto de las candidaturas al Congreso de la Union que presenten juntos.
No se trata sólo de contrarrestar una evidente estrategia que desde lo más alto del poder político se armó para ‘bajar’ al candidato presidencial; nos dicen que las alarmas suenan, porque todo hace indicar que es “alta la vulnerabilidad” de Anaya Cortés, quien se está quedando muy rezagado de una de las principales posiciones en juego: el combate a la corrupción.
Al primero de abril no podemos llegar con buenas perspectivas, si no se aclara todo este escándalo relacionado con el patrimonio de Anaya, nos dijo uno de los dirigentes partidistas promotores de la Coalición, quien confía en que Anaya no se quede sólo en declaraciones a los medios, sino que ofrezca elementos convincentes sobre la integridad y el origen de su patrimonio.
No podemos sólo quedarnos en que se trata de un asunto de ‘guerra sucia’ o en la teoría del ‘complot’, que evidentemente la hay; pero también hay que aclarar todo, para evitar que la percepción termine por dañar todo el proyecto. Hay tiempo, de aquí al primero de abril (fecha de arranque formal de las campañas), para prepararnos, ver si la acusación contra Anaya prospera o se desinfla y medir qué tanto ha influido en la percepción ciudadana.
En esos cálculos y mediciones andan entre los frentistas, según nos informan. Y a sabiendas que en las semanas que siguen, desde Los Pinos y el PRI harán de todo para “bajar, intentar demoler” la candidatura de Anaya.
Porque en este caso, los priistas caen en la burda estrategia, el cálculo simplón: si se cae Anaya, sube José Antonio Meade. Lo cual no necesariamente ocurrirá.
El PRI de Enrique Peña Nieto puede que esté gastando sus últimos cartuchos, a la vista de su propia y estrepitosa caída.
Lo que son las cosas, queda por concluir: el periodo de intercampaña será decisivo.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







