Si bien algunas de las muchas encuestas que se han publicado le conceden hasta el segundo lugar de las preferencias, el (pre) candidato presidencial único de la Coalición Por México al Frente, Ricardo Anaya Cortés, mucho tendrá que replantear en su estrategia y equipo de asesores de campaña para en verdad prender, conectar y emocionar a los electores.
Seguro, además, se ha dado cuenta que será blanco de múltiples ataques desde el PRI y el gobierno federal para “bajarlo” y llegar al primero de abril -fecha de arranque “oficial” de las campañas- con el panista en un tercer lugar, lo más lejano posible.
Pero el ser blanco de los ataques desde el oficialismo, no es precisamente el obstáculo mayor de Anaya Cortés. En realidad, su problema radica en lo poco trabajada que está su imagen; en la falta de ‘punch’ de sus mensajes; la poca iniciativa e imaginación para marcar agenda y pegar primero, y la ausencia de un equipo con capacidad, credibilidad y buen manejo de medios para restarle carga y presión en el debate y se convierta en un escudo que haga frente a los ataques.
Muy solo se ve el futuro candidato presidencial de la Coalición PAN-PRD-MC y de ese abandono también, por supuesto, son responsables los dirigentes de los tres partidos que lo encumbraron hasta la posición en que se encuentra.
Sí, porque hasta de los propios panistas parece lejano, ya no digamos de perredistas y emeceistas, que igual deberían ocuparse y preocuparse del rumbo de la campaña, pues ahora sí que ni cómo hacerse a un lado, y el futuro del joven político queretano marcará también el suyo.
Podrán decir lo que quieran y hasta justificarse en que andan muy ocupados definiendo el resto de las candidaturas federales al Senado y Cámara de Diputados -las suyas y las ajenas-, pero que no se hagan bolas: si el aspirante presidencial se cae… muchos de ellos también se caerán.
Ni modo que esto no lo sepan personajes tan experimentados y curtidos en estas lides como los panistas Diego Fernández de Cevallos, Santiago Creel, Ernesto Ruffo y Marko Cortés; o lo perredistas Jesús Ortega y su tocayo Zambrano; el emeceista Dante Delgado y por supuesto el externo Jorge G. Castañeda, con la experiencia de haber sido parte de la campaña de Vicente Fox hace 18 años.
Todos ellos fueron artífices de la Coalición que muchos consideramos irrealizable; se impusieron y, en muchos sentidos, marcaron la agenda y ganaron durante las semanas posteriores al acuerdo los principales espacios en los medios. Pero a partir del inicio de las llamadas pre campañas ‘desaparecieron’. No se ven, no se notan.
Mucho se ha dicho y escrito sobre la posibilidad de que el abanderado priista, José Antonio Meade, y la ‘independiente’ Margarita Zavala -casi segura en las boletas- resten voto panista al queretano. La hipótesis está ahí, y la mera verdad, no se ve mucho entusiasmo entre los anayistas por desarticularla, eliminarla del análisis y del debate.
Tienen tiempo, sin embargo, para cambiar lo que haya que cambiar. Tendrán mes y medio, a partir del próximo día 12 de febrero, para hacerlo.
Porque con lo visto hasta ahora no alcanza. Ellos lo saben: lo que Coalición no da, campaña no presta.
Aquí se queda… ¡Aquí entre nos!







