Morelia, Michoacán.- De visita en Venezuela para apoyar la reelección presidencial de Nicolás Maduro, los comentarios de Dolores Padierna conceden una buena muestra de lo que los asesores cercanos de Andrés Manuel López Obrador parecen querer para México.
“Venimos, las izquierdas latinoamericanas, a dar un abrazo y nuestra humilde solidaridad a Nicolás Maduro en su candidatura a la Presidencia. Un proyecto estructural que logró la transformación de Venezuela. Como dirigentes de izquierda nosotros en México confiamos en este proyecto, en este modelo y pensamos que eso es lo que hay que hacer en todo el mundo.
“Lo representó muy bien Hugo Chávez , y ahora Nicolás Maduro le dará continuidad a este proyecto que ha sido muy exitoso aquí, exitoso en Ecuador, en Argentina, en Brasil, en Bolivia, en varios lugares, y lo queremos también para México”.
El terror q está viviendo Venezuela NO lo queremos en México. Dolores Padierna esposa del señor de las ligas Bejarano, ambos asesores de AMLO. Reflexión en el voto!!! pic.twitter.com/husOvkHK48
— Wendy Gonzalez (@wengonzalezu) 1 de febrero de 2018
Los arrebatos exhiben la ignorancia de la experredista y ahora precandidata a diputada federal morenista respecto de los temas internacionales: Brasil y Argentina, aun cuando en su momento mostraron cierta simpatía por los avances chavistas en Venezuela, se encuentran muy lejos de propiciar un régimen parecido al que hoy instaura Nicolás Maduro. Sin embargo, los comentarios de la esposa del Señor de las Ligas confIrman que el esquema lópezobradorista parece dispuesto a apuntalar y, presumiblemente, instituir un modelo que casi todos los analistas serios consideran un fracaso.
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Los testimonios acerca de la actual crisis venezolana son variados y evidentes. Un organismo como Amnistía Internacional –a quien nadie podría acusar de defender los intereses del imperialismo– han denunciado en reiteradas ocasiones los problemas sociales y carencias de todo tipo que viven hoy los venezolanos. Y en noviembre de 2017 la organización Human Rights Watch publicó un informe que afirmaba que el gobierno venezolano ha empleado en forma sistemática fuerza brutal, incluidas torturas, contra manifestantes críticos del gobierno y opositores políticos.
Otros, entre ellos corresponsales de medios internacionales y observadores externos, son igualmente elocuentes: de Venezuela se dicen muchas cosas y una gran parte de ellas son falsas, pero nadie con un mínimo de sensatez podría afirmar que la República Bolivariana de hoy es un modelo adecuado para aplicarse en otros países de la región.
El legado de Maduro: hambre, falta de democracia y delincuencia
“En medio de la polarización y la politización, muchas de esas preguntas están basadas en impresiones exageradas sobre lo que pasa en un país que fue rico y ahora es pobre y nadie parece entender cómo pasó eso, entre muchos otros acertijos”, dice el corresponsal de la BBC en Venezuela, Daniel Pardo. “En algunas zonas de Venezuela se pasa hambre, pero no el grueso de la población. El 90% de los venezolanos dijeron en 2015 a la encuesta Encovi que están comiendo menos y de peor calidad”.

Los organismos externo se hacen eco del problema. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) urgió a fijes de enero al estado venezolano “a respetar y garantizar” los derechos de la población a alimentación y salud y rechazó la represión violenta de las protestas.
“Hoy según Datanálisis, la encuestadora más citada en este aspecto, la escasez en hogares es del 43%, pero se trata de productos básicos como arroz, harina o leche”, agrega la nota de la BBC.
Otros indicadores ratifican los problemas por los que hoy atraviesa el país.
“Es un debate que lleva algunos años: si en Venezuela hay una dictadura moderna o un régimen híbrido. Pero son pocos los expertos, acá y en el exterior, que hablan de una dictadura tradicional. (Sin embargo…) si hay pocos analistas que hablan de dictadura, también solo la minoría reconoce una democracia con todas las letras”.

Según diferentes encuestas, en la actualidad Maduro tiene entre apenas 20 y 30% de apoyo, una cifra baja por donde se le mire. Y en agosto de 2017 el Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU, Zeid Ra’ad al Hussein, advirtió que la democracia en Venezuela se está desgastando rápidamente y se preguntó “si todavía está viva”.
“He hablado con venezolanos que se consideran chavistas, que dicen apoyar a Maduro en esas encuestas, pero cuando apago la grabadora se desahogan con una serie de insultos contra el presidente”, dice el mismo periodista de la BBC. “Es gente que el sentimiento de agradecimiento por los beneficios sociales del pasado le impide criticar al gobierno abiertamente”.
En tanto, los índices de delincuencia no parecen mejorar.
“En Venezuela hay que tener bajo perfil, no hablar por celular ni sacar una cámara en la calle. Entre más viejo sea el carro o la ropa que uno use, mejor. Tener escoltas o un carro blindado puede ser, a veces, contraproducente. Pese a esto, los centros de las ciudades y pueblos son durante el día tan o más bulliciosos, folclóricos y divertidos que en cualquier otro lugar de América Latina. Las calles venezolanas son castañas, oscuras, verdes, amarillas, rojas, azules. Acá, al menos durante el día, lo que hay es vida”.

Pero pese a esa vida folclórica y divertida, las estadísticas corroboran la percepción preocupante. En enero de 2017 el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) calculó que en 2016 hubo 28 mil 479 muertes violentas, una tasa de 91,8 homicidios por cada 100 mil habitantes. En comparación la tasa de homicidios en Estados Unidos es de menos de cinco por cada 100 mil habitantes. Según la misma fuente, Venezuela mantuvo su lugar como el segundo país sin guerra más violento en el mundo tras El Salvador.
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Los análisis muestran una percepción mixta, que reconoce que hay muchos factores críticos pero que el país no está al borde del abismo como acusa parte de la prensa internacional. Y también hay avances que han sido destacados incluso por sus enemigos: en noviembre de 2017 la Asamblea Nacional Constituyente de Venezuela, aprobó una ley contra el odio, por la convivencia pacífica y la tolerancia para castigar con penas de hasta 20 años de cárcel a quienes sean hallados culpables de promover “delitos de odio”. Un esquema que varios otros países observan con atención.
Sin embargo, la ingobernabilidad en la tierra del fallecido caudillo Hugo Chávez es patente y ante la escalada irrefrenable de la oposición el presidente Nicolás Maduro cedió a celebrar elecciones durante este año. La merma en la calidad de vida de los venezolanos es visible: la causa, acusan opositores al actual régimen, estriba principalmente en el poco talento humano y político que muestra el presidente Nicolás Maduro en comparación con su mentor. El resultado es un país partido en dos, y cada vez más resistido por todos los organismos oficiales internacionales.
A juzgar por las declaraciones, ese es el modelo que los conspicuos adherentes a López Obrador pretenden para México.
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